Astrid Me remuevo en la cama, con el cuerpo pesado, empapada en calor. El dolor en mi cabeza palpita, constante, como una campanada sorda que retumba en mis sienes. Siento algo duro detrás de mí, contra mi espalda baja, y me tenso al instante. Parpadeo varias veces. La luz que se cuela por los ventanales es como agujas incandescentes que me apuñalan los ojos. Entonces lo siento. Un brazo firme sobre mi vientre. Mi respiración se traba en el pecho mientras giro con lentitud, y cuando mis ojos se abren del todo, el impacto me deja sin aliento, Vladimir. Dormido, o al menos con los ojos cerrados, su rostro tan cerca del mío que podría contarle las pestañas. Su perfume, tan suyo, me rodea, se me mete en la piel, en la cabeza. Me embriaga. Me desarma. ¿Cómo es que terminé aquí? Imágenes

