Astrid Regresar a la realidad después de un fin de semana como ese… Fue más duro de lo que pensé. El ruido del mundo, el ritmo de siempre, los horarios marcados, las voces que no eran la suya. Todo me sonaba ajeno. Como si yo hubiera cambiado de frecuencia y el resto todavía siguiera en la anterior. Y tal vez era cierto. Porque había algo en mí que ya no era el mismo. No era solo por haber perdido la virginidad. Eso fue parte del todo, sí, pero no lo esencial. Lo que me desbordaba no era el hecho físico, sino él. Vladimir. Su forma de mirarme como si yo fuera la única persona sobre la faz de la Tierra. La manera en que sus dedos me recorrían con devoción, como si no me tocara por deseo, sino por necesidad. Como si yo fuera algo sagrado. Algo suyo. Y quizás lo era. Quizás lo soy.

