Astrid El ensayo fue un completo fracaso. Anastasia no me dejó volver. Me echó. Con ese tono seco que atraviesa como un látigo y deja marcas invisibles. No gritó, ni siquiera levantó la voz. Pero fue tan definitiva que no tuve espacio para defenderme. No mató mi necesidad de ensayar. La bronca me quemaba en el pecho. La impotencia me ahogaba. Sentía que me habían arrancado algo con las manos sucias. Pero cuando todo eso empezó a menguar, cuando el enojo dejó de gritar y solo quedó ese silencio pesado... regresé. Volví al salón. Estaba vacío. El eco de las pisadas fue lo único que me recibió. Ya todos se habían ido. Supuse que me llevaría apenas unos minutos, una repetición o dos para calmarme. Mentira. Sabía que no iba a ser así. Necesitaba más. Dejé mis cosas en un rincón, sin pens

