Capitulo 36

2386 Palabras

Astrid —Eventualmente, debes dejarme volver a casa— le susurro a Vladimir, acurrucándome más contra su cuerpo, buscando refugio en su calor, en la certeza que solo él me da. Mi voz es casi un susurro—. Si no, temo que mi padre descubrirá lo nuestro y aparecerá en tu puerta sin avisar. Pero Vladimir no dice nada. Sus manos, cálidas y seguras, recorren mi espalda desnuda con una lentitud que me desarma. Cada caricia es un ancla, un susurro silencioso que me dice que nada malo sucederá, que él está aquí, conmigo. Siento cómo se detiene un instante, como si también estuviera sopesando mis palabras, pero luego su voz grave y firme me envuelve: —Que venga, moya malen'kaya ved'ma— dice con firmeza. Su forma de decirlo, en ruso, con ese tono que solo él tiene, me hace estremecer. Siento que s

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