***** Tal vez no había tomado la decisión correcta, al permitir que Jessica trabajara en su club. Lo principal era que estaba empeñada en llevarle siempre la contraria, por eso le dejó muy claro que no quería verla sirviendo a clientes, mucho menos bailando. Cuando llegó al local, estaba nada más y nada menos, que atendiendo la mesa de Claus Venizelus, un negociante griego que de vez en cuando hacía tratos con él, los cuales eran muy pocos, ya que no le gustaba mucho; porque estaba involucrado en el contrabando humano. Tenía rato observándolo, detallando la manera en que sus ojos se habían fijado en Jessica. La rabia invadió en olas su cuerpo, y estaba al punto de hacer erupción como un volcán, pero eso no se quedaría así; Jessica le escucharía. Para nada ella conocía su lado dominante;

