***** Estaba completamente asombrada. Ryan había aceptado que trabajara en uno de sus clubes, pero en la barra. Dijo que no quería verla sirviendo mesas, y que mucho menos se le ocurriera bailar. Le molestaba un poco su sobreprotección, el instinto de rebelarse crecía cada vez más en ella, traba de controlarse, porque no podía morder la mano de quien le había ayudado en su momento más oscuro, pero que la condenaran en el infierno si permitía que sucediera lo mismo que había vivido por siete años. Con muchísima tristeza recordó el día que Oliver mató a su abuela. La mujer más dulce que alguna vez pudo conocer. Luego de haber visto aquello algo en su cabeza se quebró. La crisis de histeria que le hizo arremeter contra su propia vida pues, durante aquella agitación tomó de la cintura el ar

