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Después de la Tormenta

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multimillonario
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de amigos a amantes
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drama
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Descripción

Saga de "Pasión Culpable"

Ryan Webster ha fallecido, sacrificándose para que Emma pudiera vivir una vida muy feliz, puesto que él se consideraba a sí mismo como "medio hombre" y sentía que no podía hacerla feliz, así que deja de tomar el tratamiento para morir y que ella consiga otro hombre que la haga feliz.

Pero Emma en lugar de ser feliz siente que la culpa la está matando porque ella se había enamorado del mejor amigo de su esposo mientras estaban cuidando de él.

La química s****l que había entre ellos era innegable, pero tanto Luciano como Emma creían que a eso se limitaba todo, pero luego, con el correr del tiempo se dieron cuenta de que los sentimientos habían entrado en juego también haciendo muy difícil que se contuvieran cuando estaban solos.

Ryan le había dejado una carta a Emma dónde le decía que fuera feliz con Luciano porque sabía que entre ellos había algo más que amistad, pero la muerte de Ryan en lugar de unirlos los hizo separarse. Emma huye y Luciano la busca, pero luego decide no seguir buscando.

Pero el destino es implacable, y aunque ambos han decidido olvidarse el uno del otro, éste, en un juego de malabares, hace que se encuentren irremediablemente de nuevo… ¿Habrá muerto el amor? ¿Se habrá enfriado la pasión?

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Los nuevos comienzos son difíciles... Porque a veces arrastran el pasado
Luciano Martins había pasado todo el resto de la noche inquieto y confundido, primero buscando a Emma por toda la casa y luego por toda la propiedad. «¿A dónde demonios se había metido esta mujer?» —La desesperanza se anidaba en su corazón como un alambre de púas que se le enterraba en el pecho para luego comenzar a clavarse en su carne dolorosamente. Pero la verdad era obvia: Emma había huído. …………. Emma abría sus piernas al contacto de las rudas manos de Luciano que se iban apoderando de su intimidad, mientras sus labios parecían sorber su alma por su boca entreabierta. Ya los hábiles dedos comenzaban a jugar en su intimidad procurando apartar los labios íntimos para introducirse en las profundidades de su centro de placer, ella se retorcía de gusto mientras los gemidos comenzaban a escapar de su boca contra los varoniles labios masculinos que la cerraban en un apasionado beso… Emma despertó con un sobresalto que hizo que el señor de cabello canoso que se sentaba a su lado la mirara con más atención ahora, se enderezó un poco en el asiento del avión volviendo abruptamente a la realidad, pasó una mano por su cara tratando de despejar las neblinas del sueño loco que la había dejado respirando entrecortadamente. «¡Por Dios!» —pensó con preocupación. Esperaba no haber hablado dormida y mucho menos que hubiera empezado a gemir cómo lo estaba haciendo en el sueño. «¡Qué vergüenza!» Por la cara del señor mayor que estaba a su lado imaginó que al menos había hecho ruidos raros porque éste la miraba con cara de desaprobación, algo apenada se volteó para mirar por la ventanilla del avión, ya se comenzaban a ver las luces de la Gran Manzana, en unos minutos más estaría en el aeropuerto donde la estaba esperando su amiga Alba. Había salido huyendo de Birmingham en el primer avión qué salió para Nueva York, no quería ver a Luciano de nuevo porque sabía que si él la tomaba en sus brazos no tendría fuerzas para resistirse. Ryan le había pedido que fuera feliz, pero eso no iba a ser posible, ella sentía mucha culpa por lo que había hecho su esposo, quién se dejó morir para que ella pudiera reconstruir su vida pero ella no se sentía capaz de aceptar eso. Por eso habló con su amiga, quien tenía ya más de cinco meses que había salido de la ciudad donde vivían para estudiar dos años en Nueva York, para pedirle que la acogiera para refugiarse mientras decidía lo que iba a hacer. Cuando se vieron en la terminal de pasajeros Alba salió corriendo a abrazar a su amiga, Emma soltó la maleta y también corrió a su encuentro, ambas se abrazaron y lloraron juntas por todo lo que había pasado. —No puedo creer que Ryan ya no esté, Emma —la voz de Alba sonaba distorsionada por la emoción y el llanto. —Yo tampoco puedo creerlo, aunque te suene extraño —dijo Emma, con la voz estrangulada por el dolor que sentía al hablar del tema. —Vamos a casa —dijo Alba reponiendose— Allí descansarás del viaje mientras me cuentas todo. Salieron del aeropuerto para ir al apartamento de Alba que se encontraba en Manhattan. Tardaron algo de tiempo por el tráfico que había a pesar de la hora, y por la temporada navideña que se aproximaba. La ciudad comenzaba a vestirse de los tonos alegres que acompañaban la Navidad y se sentía un espíritu de alegría que contrastaba notablemente con el ánimo de Emma. Ella sentía que esta iba a ser la peor Navidad que pasaría en su vida, y sus ánimos estaban por el suelo. Cuando llegaron al apartamento ya era cerca de medianoche, sin embargo Emma se sentía muy inquieta y le dijo a Alba que se quedaría viendo la televisión hasta que le diera sueño, como alba tenía una hora de clase bastante temprano decidió ir a dormir de una vez. —Allí en la habitación al lado de la mía están tus cosas y te preparé tu cama y una ropa para dormir —lw dijo mientras se levanta a para ir a su cuarto— Pero mañana me vas contar, con pelos y señales, todo ese galimatías que medio me explicaste por teléfono, ¿De acuerdo? —Está bien, Alba —le dijo con una sonrisa— Te prometo que te lo contaré todo, ¿Vale? Alba se alejó mientras hacía un gesto de "ok" con los dedos y luego se escuchó como cerraba la puerta de su cuarto. Emma se quedó en la salita con el control remoto del televisor pasando de canal en canal, esperando encontrar algo que la distrajera de sus caóticos pensamientos, porque cuando se quedaba sola con sus pensamientos sentía que se ahogaba. Las imágenes de los últimos días se sucedían una detrás de otra, Ryan tendido en la cama inconsciente, ya los últimos dos días casi no podía respirar y se veía tan adolorido a pesar de que el tratamiento que le estaban colocando era solo para su alivio, la fiebre no le bajaba de treinta y nueve grados y a veces tenía espasmos muy parecidos a un ataque convulsivo. Y si trataba de olvidar esas imágenes entonces su mente se veía invadida por Luciano, pero no solo viéndolo allí, tan eficiente y protector como siempre, si no como el hombre que enloquecía sus sentidos y la mantenía en un constante desasosiego, porque el deseo la enervaba de una manera que nunca antes le había pasado. Podía decir que se sentía más viva que nunca y eso le creaba enormes conflictos, porque su esposo estaba muriendo y ella lo que sentía cada día era un vivo deseo por ese hombre que opacaba hasta el sufrimiento de su esposo y eso la hacía sentir tan culpable. Él trataba de protegerla y cuidarla, estaba pendiente del más mínimo detalle, siempre estaba pendiente de cómo se sentía, de si había comido o no, si se sentía bien, si había dormido lo suficiente, si se sentía cansada. Y lo hacía sin abrumarla, pero las sensaciones que llenaban su cuerpo cuando la tocaba o simplemente con estar pegado a ella la desestabilizaban. Su corazón parecía desbocarse mientras su respiración se aceleraba al ritmo de su pulso. En una ocasión ella estaba llorando suavemente mientras miraba a Ryan a través del vidrio de la habitación que daba al pasillo, y Luciano llegó de la cafetería con un bocadillo para que ella comiera, pero al verla allí, llorando con tanta tristeza no pudo reprimir el impulso de abrazarla, y lo hizo, se acercó en silencio después de dejar lo que traía en las manos y la abrazó por la espalda. Emma sintió que unos fuertes brazos la rodeaban y no dudó ni un segundo en saber 2 eran los de Luciano, parecía que nadie más, ni siquiera Ryan, tenía esa habilidad de hacerla sentir su fuerza pero con tal suavidad que se sentía arrullada entre ellos. Por supuesto que de inmediato su pulso acusó el hecho de estar pegada a él, sentía el calor que emanaba de su cuerpo y al mismo tiempo sentía sus caderas pegadas a sus glúteos, ella recostó la cabeza hacia atrás procurando descansar de su dolor, aunque otro sentimiento igual en fuerza comenzaba a desplazar el dolor de su ser. Un calor llenaba su pecho y hacía que su respiración se volviera fuerte y pesada, despidiendo con ello feromonas que ella misma percibía en su aliento. Su cuerpo comenzó a acusar la excitación que estaba sintiendo, sus pechos se volvieron sensibles y turgentes, coronados por los pezones duros como piedras. Y su entrepierna com nzi a calentarse de tal manera que los jugos íntimos comenzaron a mandar de manera inmediata. Al punto Emma se arrepintió de haber frenado el deseo de acariciar su cuerpo esa noche anterior para alcanzar un reconfortante orgasmo, porque ahora se sentía extremadamente vulnerable, ¡Y eso que él no la estaba acariciando eróticamente! Pero era que solo su contacto la excitaba y la debilitaba de tal manera que no encontraba la forma de salir de sus brazos, porque sus extremidades se negaban a moverse por más que ella les diera una orden directa. Y lo peor es que mientras corrían los segundos su mente se iba nublando de deseo y de ganas de sentir. Lo peor de todo esto es que Luciano, quien en un principio llevaba solo el deseo de proteger y cuidar, se daba cuenta de la excitación de ella, porque sin darse cuenta sus caderas se inclinaban hacia atrás haciendo más íntimo y sensual el contacto. Automáticamente las hormonas de Luciano entraban en acción y aunque trataba de no dejarse llevar, una traidora erección empezaba a insinuarse y se empezaba a notar al incrustarse en el trasero de Emma. Y eso volvía todo una espiral enloquecedora porque ella al sentirlo excitado se excitaba aún más, entonces Luciano, haciendo un acopio de fuerzas de dónde no tenía, y pensando en la lealtad que le debía a Ryan soltó el abrazo con el que tenía sujeta a Emma. Ella abrió los ojos y vió, a través del cristal, a su esposo desfalleciendo, el choque fue impresionante, literalmente: del placer al dolor.

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