—Hola, Catherine —le dijo Luciano, y se le quedó mirando mientras ignoraba la pregunta— Pensé que habías venido acompañada —él había visto que ella llegó acompañada de una pareja mayor y un hombre más o menos contemporáneo con ellos. —Bueno sí, pero Albert no baila mucho —dijo con tono resentido. —Pues deberías darle clases —dijo con un tono evidentemente irónico— Se te da muy bien el baile. —Gracias —contestó, pero su rostro denotaba su molestia e incomodidad porque los amigos de Luciano se le quedaron mirando con unas sonrisas irónicas bailándoles en los labios— Bueno, si no quieres bailar solo tienes que decírmelo —se volteó evidentemente molesta, la expresión de disgusto y el enrojecimiento de su piel no se podían disimular. —Deberías aprender a disimular un poco, Luciano —dijo uno

