Esa noche, antes de salir de casa, Jeffery y Dom me dieron un par de instrucciones, aunque más bien eran reglas. Jeffery quería venir conmigo para asegurarse de que no hiciera nada estúpido. Tuve que esforzarme por convencerlo de que no era necesario. Le aseguré que mis planes no eran nada arriesgados y que, si quería llamar la atención de un hombre, sería mejor que mi buen amigo no me acompañara. Llevar a un sujeta-velas conmigo no me parecía una buena idea cuando quería intentar seducir a un hombre y, además, con lo inexperta que era en lo que a los hombres se refería, no necesitaba algo que me arruinara los planes. Lo único que sabía con certeza era que tanto los seres celestiales como los humanos entendían de qué iba el sexo. Así que esta vez iba a volver a ese bar con mis armas carga

