EXTRAÑO Y MISTERIOSO Me desperté a las cuatro de la mañana, sobresaltada. Una de las ramas del árbol no dejaba de arañar el cristal de la ventana y me había asustado. Hasta Bola de nieve parecía estar nervioso. Finalmente, me di por vencida y bajé a la cocina para prepararme una taza de chocolate caliente. Podía ser que eso me quitara el nerviosismo y así finalmente pudiera conciliar el sueño. Minutos más tarde, salí al jardín, cargando el chocolate caliente que había vertido en mi taza favorita. Una ligera brisa me alborotó el cabello, y noté que el aire olía a lagerstroemias. Respiré profundamente. Me encantaba este jardín. Conseguía que sintiera serenidad y paz. Nunca me cansaría de este lugar tan exquisito, ni aunque llegara a los cien años. Me senté en una pequeña mesa para tomarm

