LA PROMESA El día me había dejado tan agotada que, en cuanto mi cabeza rozó la almohada, concebí el sueño en tan solo unos minutos. Me desperté a las dos de la mañana al sentir un revuelo a mi alrededor. Abrí los ojos lentamente y atisbé a la señora Noel sentada a los pies de mi cama. Sorprendida, me erguí y tomé una bocanada de aire. —¿Pasa algo? —le pregunté inmediatamente. Mi mente nebulosa entró en estado de alarma. —Ay, bonita, no podría estar mejor. Quiero darte las gracias por el día de hoy. Ha sido muy amable de tu parte traerme junto a mi familia. —Florence, no es necesario que me des las gracias. Deja que te ayude a volver a tu habitación. Necesitas descansar. —No. Ya no te preocupes más por mí. Voy a estar bien. Voy a volver a casa enseguida, pero antes de irme quiero dec

