Observar sin tocar es un arte.

1465 Palabras

Una forma de caza pasiva. Desde el auto, con los vidrios oscurecidos, el edificio donde vive Luna parece uno más: concreto cansado, ventanas sin alma, ropa colgada como banderas de rendición. Nada especial. Nada que grite peligro. Y sin embargo, ahí está él. Emiliano Arencibia entra al edificio con la cabeza ligeramente inclinada, como si cargara un peso invisible. No mira a los lados. No acelera el paso. Pero tampoco se detiene. Se mueve con una precisión que no pertenece a alguien tranquilo. Es el andar de un hombre que mide cada paso, que calcula el espacio entre él y cualquier amenaza potencial, incluso si no existe. —Ese —digo, mi voz un susurro en el silencio del coche—. No le quiten los ojos de encima. Ni un segundo. Mis hombres asienten. No necesitan más. No vive como alguien q

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