Él arqueó una ceja, divertido. —¿Para? —su tono era sarcástico, pero no había un ápice de intención de detenerse—. ¿Por qué debería? No tienes que fingir, Violet —su mirada recorrió mi cuerpo, como si pudiera leer cada uno de mis pensamientos—. Sé lo que quieres. Mi cuerpo se tensó al escucharlo. Cada palabra que decía era como una flecha dirigida directamente a mis inseguridades, a ese lado oscuro de mí que no quería admitir lo que en realidad sentía. Intenté apartar la mirada, pero era imposible. La atracción que él ejercía sobre mí era demasiado fuerte, demasiado intensa. Y entonces, como si quisiera rematar el golpe, Iván soltó un suave gemido mientras seguía masajeándose, y eso fue suficiente para hacerme perder el poco control que me quedaba. —No deberías jugar así conmigo —murmu

