Hunter. Escuchar me estaba doliendo la cabeza, pero no apartaba mi dedo del gatillo. Mi cerebro se debatía entre a quien apuntar. Eran mis hijas y no le permitiría que les pusiera un solo dedo encima. Y tenía asegurado que Dalilah tampoco lo haría. Verla exaltarse, y abalanzarse contra el como si nadie le fuera a disparar, me reveló lo que estaba dispuesta a dar por sus hijas. Nuestras, hijas. Su vida. Al igual que yo, lo haría, pero mi cerebro reaccionaba como un maldito perro fiel, mientras mi corazón peleaba por que entendiera que estaba del lado equivocado. Cuando llegue a esta casa, Marshall me sonrió, y me preguntó que había averiguado, y como un puto robot, solté todo. Le conté que venían hacia acá y no tenía tiempo para perder. Llamo a todo un ejército, la casa está cust

