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Ardamos Juntos

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de pobre a rico
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Descripción

Dalilah Morgan.

Una chica que había tenido una perdida, haciendo que su vida se descontrolara, enterándose de las infidelidades de sus padres, decide perderse en el mal camino, volviéndose reconocida entre personas peligrosas y relacionándose con estás.

Termina siendo la protegida de un mafioso reconocido, quien al liarse con ella le confiesa que será la próxima heredera de su imperio.

En el proceso, conoce a un hombre, este resulta ser la mano derecha del mayor contrincante de su protector.

Hunter McLaren.

El deseo y la lascivia que los envuelve es más fuerte que cualquier muralla entre ambas mafias.

Pero un secreto revelado los dejara mal parados, al saber que lo suyo no podrá ser posible ni en un millón de años.

Ven.

Arde conmigo.

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Capitulo 1.
Dalilah. —Dalilah, te estoy hablando— —Te estoy escuchando madre— —Te decía, que tu tía Melissa se casará la próxima semana y nosotros vamos a ir a esa boda.— siguió mi madre. ¿Porque no le ponía interés a eso? Porque la tía Melissa ya se había casado 6 veces, y de esas 6 veces se había divorciado, y este será entonces su séptimo matrimonio. El cual fracasará. —Que bueno, que se diviertan, tengo cosas que hacer madre— me levanté de la mesa y trate de salir de ahí para ir a mi habitación. —Eso significa que tú también vas a ir, así que date prisa, nos vamos en dos horas— y así sin más se fue dejándome sola en el comedor. —Maldita sea la tía Melissa y su séptimo marido— seguí maldiciendo a mi tía Melissa otras mil veces más hasta llegar a mi habitación. Que demonios me voy a poner. Mamá no iba a querer que mis tatuajes se vieran, ella los odia. Por eso... Escogería el más descubierto que encontrará. —Este...— Escogí un vestido n***o, corto con mangas caídas en los costados. —Mamá va a morir— Me coloque mis tacones de aguja negros y procedí a maquillarme. Al terminar, bajé a la sala y vi a mi madre y a mi padre sonríendo cómo enamorados. —Ya terminaron de fingir que están enamorados o tengo que recordarles que los dos son unos infieles— Ellos dos me miraron mal y después salieron, y yo los seguí de cerca. Subimos al su BMW X6 negra, mi madre se estaba colocando el cinturón de seguridad mientras mi padre regresaba a traer no se que cosa a la casa. Y se me ocurrió abrir la bocota. —Esta boda es una estupidez, ¿acaso a la tia Melissa no le queda claro que está maldita?—me burle. —Dalilah, si sigues con tu estúpida actitud de niña insolente y mal educada te enviaré lejos de aquí a que sigas tu universidad— amenazó mi madre. —Patrañas...—contesté. Las amenazas de mi madre me las paso por el... —Ya regrese, lamento la demora— se disculpo mi padre, entró al auto y arranco. El camino al lugar de la jodida boda de mi tía Melissa fue bastante aburrido, ver a mis padres expresar su amor más falso que las nalgas de la tía Sabrina, es realmente asqueroso. Dirán... Pero Dalilah porque tanto desprecio por las muestras de amor de tus padres? Fácil. Ellos son unos putos infieles. Mamá engaño a papá con su ginecólogo, bastante estúpido si me preguntan, salir con un doctor que ve las v*****s de todas sus pacientes es realmente estúpido. Y papá bueno él... Él la engaño con mi ex mejor amiga. Si, mi amiga se encontró un sugar daddy, y resultó que era mi padre. Sorpresa! Eso fue más épico, porque yo los encontré follando. Muy asqueroso. Total, llegamos a la famosa fiesta de la tía Melissa. Había mucha gente, no sabía que era tan famosa después de sus seis bodas. Por lo menos había algunos que seguían creyendo que encontraría su media naranja. Pobre. Por eso yo voy a ser la prima, tía, lo que sea solterona y ebria. Así, fácil y sencillo. —Dalilah, hay que comportarse por favor, que ya tengo suficiente que te hayas vestido como una puta— mi madre bien dulce. —Si hablamos de putas...— respondí yo escaneandola con la mirada. Claro, yo me refería a la zorra de mi padre. —¡Dalilah!—me reprendió mi padre. Si chicos me había vuelto una completa perra con ellos. —Ya, vamos, quiero ver cómo empieza el fracaso de matrimonio de la tía Melissa— continúe avanzando. A llegar al lugar donde sería la ceremonia, ví que había mucha gente que nunca había visto en las anteriores bodas de la tía Melissa. Hasta que ví algo... Más bien alguien... Era un chico, guapo por cierto, con tatuajes hasta el cuello, y muy guapo. ¿Ya dije que es guapo? No importa, les digo otra vez, es muy guapo, por como se ajusta el saco del traje, que por lo visto es hecho a la medida, se ve que está bien bueno para lavar ropa sobre el. Dios, está haciendo calor... Me acerque más al lugar, y vi que hablaba con una de las hijas de la tía Melissa, una prima mía. ¿Por lógica, no? Bueno les decía, me acerque y lo ví más de cerca. Solo... Olviden eso. El caso es que ya estaba enfrente de ellos y notaron mi presencia. —¡Morgan! Que gusto verte... Y desgracia también, porque siempre que nos vemos mi madre se casa—dijo graciosa. Claro, está quedando bien con el bombonazo que tiene a un lado. El cual no deja de repasarme con la mirada, esa que mojan bragas. A mí no me afectan pero así les dicen. —Si, bueno, ya ves estoy en primera fila para ver la caída de Babilonia— seguí con el juego. La verdad mi prima Lisa no me cae mal, es la única prima que mastico y trago, las demás que se vayan al diablo. —Oh, ¿de verdad sigues con los tatuajes? ¿qué otro te haz hecho? ¿ya tienes tatuado entre los senos?— Está prima mía. —Te lo mostraría pero mi madre diría que no estamos en una fiesta nudista, porque para ser sincera lo único que traigo bajo este vestido es una tanga— respondí. Y olvide al bombonazo. UPS!... El se aclaró la garganta y mi prima recordó su presencia. —Ohh, Dalilah el es Hunter, Hunter, ella es mi prima Dalilah Morgan, la que nunca quiere usar ropa interior y si no fuera por mi tía andaría desnuda todo el tiempo— Ella no es mi prima, ni siquiera la conozco. —Ya me quemaste, Lisa— murmuré. No me dió vergüenza, hace mucho que no la conozco, en realidad soy demasiado sin vergüenza y todo lo que dijo ella es cierto. —Un gusto Dalilah...— mi nombre salió tan sabroso de su rosada boca. La tendrá grande? Hay por dios... Se supone que si porque está bien grandote. Dios... —Creerme Hunter, la que tiene el gusto de conocerte es ella— respondió mi prima. —No lo voy a negar, un gusto Hunter— estiré mi mano y el la tomo. Hay dios... Me agarró la mano. —Por favor todos tomen asiento, la ceremonia va a empezar— dijo el padre en el pequeño altar, todos se fueron a sus lugares, incluso mi prima se fue dejándome sola con Hunter. —Porque mejor no...— susurré suave y ronco —Desaparecemos, me pareció ver una capilla por allá— le propuse con una sonrisa coqueta a Hunter. Lo admito, me lo quiero follar. El sonrió arrogante. Dios... Esa sonrisa... —Porque no...—y me tomo de la mano. Salimos de ahí y fuimos a una de las habitaciones del lugar, entramos y al entrar el cerro la puerta con seguro y me azotó contra está. Sexo rudo, me encanta... Empezó a besarme salvajemente y con mucha necesidad, la cual yo respondí igual de hambrienta. -Desde que ví que llegaste, fantasee con quitarte este vestido...- me dijo mientras besaba mi cuello. Un gemido salió de mi boca. Esto está demasiado bueno y aún no me la mete. —Luego mencionaste que solo traes abajo una tanga, tuve que ocultar mi erección— seguí soltando gemidos descomunales, y el hacia lo mismo. De un momento a otro me volteo y alzó mi vestido hasta mi espalda, hizo a un lado el hilo de mi tanga, metió sus dedos en mi v****a y empezó a trazar círculos. —¡Hay por dios!—eso fue muy fuerte creo. Escuché que rasgaba algo, y voltee un poco ví como se ponía un condón. Prevenido el muchacho. Y entonces se introdujo en mi fuerte, firme y muy lento. Tortuoso lo llamo yo. —Estas muy estrecha— murmuró ronco—Y muy mojada— empezó a dar más embestidas, muy salvajes y placenteras para mí. Mi rostro estaba azotando contra la madera de la puerta, el siguió haciéndolo y está vez más rápido y más duro. —Más duro.... ¡Dios!—seguí gimiendo. Sentía que estaba a punto de venirme. Hasta que sentí una fuerte nalgada. Dios este chico es perfecto.... —¿Te gusta rudo no?— asentí como pude—Entonces te daré duro...— y arremetió contra mi más fuerte y más rápido. —Hunter... ¡Dios más rápido!— seguí gimiendo, hasta que el dió una estocada demasiado profunda y llego a mi punto, y entonces explote. —Dios...— susurré. Un par de estocadas más y el término. —Mierda... Esto fue fantástico—salio de mi y se quitó el condón. Empecé a acomodar mi vestido, me metí al baño a limpiarme un poco, arregle mi maquillaje y salí. —Porque demonios no luces recién follada?—pregunto con sus cejas fruncidas. —Porque ya estoy acostumbrada a aparentar lo contrario—respondí sonriente. —Venga, me siento usado— sus cejas seguían fruncidas y lo hacía ver realmente guapo. El es guapo, muy guapo. —Te diré algo para que te suba el ánimo...— el alzó la cara con una sonrisa de lado— Eso fue muy excitante, y fue sexo salvaje de verdad, no como lo que he tenido— y eso sí que le subió más el ego. —Venga creo que puedo repetir— se acercó a mí y rodeo mi cintura, acercó su rostro al mío y miró mis ojos detenidamente—Tienes unos ojos lindos Morgan, me hechizan— unió nuestros labios en un apasionado beso. ¿Que si lo disfruté? Por supuesto que sí, no siempre te encuentras un tipo así como este, simplemente perfecto. Se alejo de mi con una sonrisa, y yo también estaba segura que tenía esa sonrisa. —Me encantan tus tatuajes ¿qué es lo peor que te han dicho por ello?— preguntó curioso mientras se arreglaba la ropa y salíamos del cuarto, con el descaro de que no nos importará que nos vieran salir de ahí juntos. —Creo que no recuerdo muchos, pero el que sigue en mi memoria es pizarrón, mi madre me grita siempre que llegó con uno nuevo— comienzo a reírme, pero pare en seco cuando ví a mi madre enfrente de mi, con los brazos en jarra y con la cara completamente roja de la furia. —¡¿Donde demonios estabas?! ¡Contesta Dalilah!— —Tranquila ma, solo fui a mostrarle el lugar al joven aquí presente. Me dijiste que fuera amable con las personas y eso hice— estaba haciendo un esfuerzo olímpico por no soltar la gran carcajada que tenía guardada, y al parecer no era la única aguantando, Hunter también, pero lo disimulaba mordiéndose el labio. Se ve extremadamente sexy... —Dalilah, es la última advertencia, la tercera será con tus maletas hechas y listas para que te vayas— así como llego se fue —Patrañas...— bufé y voltee a ver a mi acompañante, el cual se encontraba con una enorme sonrisa. —Tu mamá parece un pequeño Minion morado— Y entonces la carcajada que tenía reservada salió. Y así estuvimos riéndonos hasta que las lágrimas salieron. Después de eso no volví a ver a Hunter. Y después de eso, mi madre cumplió su promesa. Y mucho después de eso, el matrimonio de la tía Melissa duro 3 semanas. Tres semanas en las que mis padres empacaron mis cosas y me mandaron a California. En esas tres semanas, comencé mi infierno. En esas tres semanas... Hice de mi nombre sinónimo de peligro y dolor. Claro, no olvidemos que yo ya había pasado por algo traumatico, y mi infierno ya había comenzado solo que no se los había hecho saber, esa es historia para otro momento.

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