Los Ángeles California...
Al llegar a los dormitorios de la universidad, claro está después de que mis padres me arrastrarán hasta aquí, busque mi habitación y entre en ella.
A un costado de la que sería mi cama, ya había cosas en la otra cama, eso significa que mi compañera ya había llegado.
Desempaque mis cosas y las acomode.
¿Recuerdan que les dije que volví mi nombre sinónimo de peligro y dolor?
Bueno, fue porque me hice famosa entre las peleas y carreras clandestinas. Me había vuelto muy buena con la ayuda de un chico que conocí en mi temporada de hacer arder al mundo conmigo, o más bien hacer arder mi mundo, si porque me volví alcohólica y una fumadora compulsiva, pero eso desató mi tolerancia extrema al alcohol, y ahora fumo solo cuando estoy estresada, o solo para joder.
Bueno total, me volví una leyenda en esos lugares.
Y una criminal.
Bueno no tanto así.
Más adelante sabrán porque.
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Lunes.
Hoy era mi primer día en esta universidad, y mi primer día de ser un demonio con cuerpo de ángel.
Mi compañera nunca regreso, creo que por la madrugada la vi entrar y tomar algo de ropa e irse.
Busque que ponerme y encontré un conjunto muy chica mala.
Una camiseta ombliguera, unos pantalones negros y mi chaqueta negra.
Tome mis cosas y las metí a mi mochila, mire mi celular y no tenía ninguna sola llamada de mis padres.
Fantástico.
Salí del edificio de los dormitorios, pronto saldría de ahí, me comprare un departamento cerca de aquí para mí sola.
Camine hasta donde se suponía que estaba la dirección y en mi camino me encontré con una chica rubia, muy bien arreglada, como para una junta de negocios.
—Hola soy Margaret, yo seré tu guía turística de este lugar, por favor sígueme— me miró de arriba para abajo y sonrió falsamente.
Claro como yo iba con mis lentes negros hice como si no la hubiera visto y pase de largo.
—¿Hola? te estoy hablando a ti, te dije que yo te llevaría a la dirección—continuo detrás de mi.
—Y a mi no me interesa tu tour— seguí caminando hacia mi destino y entré en la oficina sin tocar.
—Señorita Morgan— saludo al director—Me alegra que llegara— el director trago en seco y sonrió.
—Vengo por mi horario y toda esa basura— el asintió y tomó unas hojas y me las extendió—Muchas gracias— y si chicos aún tengo educación.
—Hasta luego—es todo lo que escuche porque azote la puerta detrás de mi.
Salí y volví a encontrar a la chica.
¿Cómo dijo que se llamaba?
¿Martin?
¿Mari?
¡Margot!
Eso, sí, así dijo.
—Te mostraré dónde está tu casillero, pude ahorrarte el venir aquí si me hubieras escuchado— pare en seco.
—¿Tenias mi horario y mi clave? Y no me lo dijiste?— volteé a verla y ella trago grueso.
Asintió.
Y yo sonreí.
Enganché mi brazo al suyo y empecé a jalarla con mi andar.
—Bien muéstrame dónde es—la pobre chica casi temblaba.
Me agradaba.
Llegamos a dónde se supone que está mi casillero y lo abrí, saque los libros de la clase que tocaba y volví a cerrarlo.
—Vamos, nueva mejor amiga—ella sonrió incómoda por mis cambios de humor.
Pero vamos, la chica era valiente y muy persistente.
Me caí bien.
—Este es el salón de matemáticas, entremos antes de que el profesor llegué—y así hicimos, nos sentamos en la misma mesa.
La clase casi estaba llena, todos me miraban, y yo sonreía con arrogancia.
—Quita los lentes, antes de que llegue el anciano— me susurro Margot.
Me quite los lentes y los guarde en mi mochila.
—Oye Margot ¿te puedo decir Maggie?, no importa igual te diré así— ella sonrió y me miró.
—Wow, entonces si tienes ojos—yo lancé una risotada.
—Claro que si bobita— nuestra conversación quedó ahí ya que el profesor había llegado.
—Y por cierto, mi nombre es Margaret— me susurró.
Oh, ya decía yo.
Dos horas después la clase termino.
—Ven, almuerza conmigo, te presentaré a mis amigos— Margot, digo Margaret, tomo mi brazo y lo engancho junto con el de ella, y está vez fue ella la que me arrastró hacia la cafetería.
Al llegar y al abrir las dos puertas estás hicieron un fuerte ruido que hizo que todos nos mirarán.
Y yo como la cínica que soy, sonreí.
Maggie volvió a jalarme hasta una mesa y se sentó.
Y fue entonces cuando puse atención a esa mesa.
Había tres chicos y una chica. Los chicos eran guapos pero no de mi gusto, y la chica era pelirroja, muy curiosa a decir verdad.
—Chicos ella es Dalilah, saluden— y como niños pequeños lo hicieron.
—Hola soy Karen, y ellos son Ben— señaló al castaño ojos cafés, este hizo un asentimiento con la cabeza—Dylan y West— Dylan era un chico pelinegro de ojos verdes, y West era un rubio igual de ojos verdes.
—Un gusto conocerte Dalilah ¿qué te trae a California?—me preguntó Dylan.
—Oh, mis padres me enviaron lejos por terca y problemática, nada fuera de lo común— le reste importancia y tome una manzana de la bandeja de Maggie.
—Oh, entonces eres una chica mala— ese fue West.
—Se podría decir— respondí y le di un mordisco a la manzana.
—Te gustará California, es genial conocer los mejores lugares para beber y bailar — Ben hizo que prestará atención a la conversación.
—Cuentame más— le pedí ansiosa.
El siguió hablando y contándome de lugares para ir a beber hasta que un estruendo, más bien las puertas de la cafetería, volvieron a abrirse dándole paso a un bomboncito.
—No es cierto— susurré con asombro.
Mi quijada no podía llegar mas al piso.
Dios...
En ese momento nuestros ojos se conectaron y el sonrió de lado y siguió su camino hasta las mesas de afuera.
El imbécil de Hunter estaba aquí.
Y estaba jodidamente sexi.
Me lo quiero volver a follar.
—¿Ese es Hunter Mclaren?—pregunto Karen.
—Si, dicen que está metido en negocios turbios— le siguió Maggie.
—Oigan, tengo que contarles algo, hoy llego una chica nueva, su nombre es Dalilah Morgan y todos en los pasillos están diciendo que su nombre es muy respetado y no por su familia, sino por toda la mala fama que se habla en el bajo mundo de la ilegalidad—
Que niña tan linda.
La chica era una morena, castaña, y bonita, sus ojos eran verdes.
—Hola—estiré mi mano con una sonrisa.
Y ella palideció.
Lo que me hizo a mi soltar una carcajada.
—Yo... lo... siento, no yo...— siguió así sin poder formar una palabra.
—Tranquila, me agrada que hablen de mi, soy Dalilah, ¿cual es tu nombre?— pregunté.
La chica soltó todo el aire y sonrió.
Que linda.
—Me llamo Hanna, un gusto Dalilah Morgan, ahora no me mates— susurro esto último.
—Tranquila, no importa—le sonreí y voltee a ver a los demás—Lo siento chicos pero este bombón se les va, iré a fumar un rato antes de que suene la campana—me levanté tome mis cosas y salí a fumar.
Al salir las mesas de afuera estaban solas, así que me senté encima de una y saque mis cigarrillos, encendí uno y le di una calada para después expulsar el humo.
—Asi que me estás siguiendo— mire sobre mi hombro y sonreí.
—Claro, quiero que volvamos a follar— le di otra calada y solté el humo.
—Eres muy directa, me gusta—se sentó a mi lado y sonrió.
—Jamas pensé encontrarte aquí, creo que es el destino diciendo que follemos otra vez—me burlé.
Seguí dándole caladas al cigarro.
—Jamas creí que fueras una chica mala, ¿tú madre cumplió su promesa de mandarte lejos?—yo rei
—Porque crees que estoy aquí— él se empezó a reír.
—Por fortuna, no estarás sola en este lugar de locos—
—Oh por dios... ¿serás mi hada madrina?— solté una risotada y el también.
—No seas tonta, pensaba hacer un infierno esta escuela, pero ahora que no estoy solo, podemos hacerla arder juntos—sonreí coqueta.
—Porque no, yo también pensaba hacerlo arder, pero si se trata de arder juntos adelante, me apunto—
El sonrió y se acercó a mi, tomo mi rostro y me besó.
Fugaz.
Así fue ese beso.
Cómo diría mi abuela, eso fue un pico.
—Que infantil eres, besas como niño de preescolar—lo tome de las solapas de su chaqueta y junte nuestros labios en un jugosos beso.
Me separé y sonreí.
—Ese si es un beso— tome mis cosas, terminé con mi cigarro y lo apague , sonreí hacia el y entre nuevamente a la cafetería.
El no me siguió.
Las clases siguieron su rumbo.
Aburridamente aburridas.
Estaba en mi casillero cuando un chico se apoyo en el casillero de al lado.
—Hola, soy Zayn— me sonrió coqueto.
—Hola, soy Dalilah— seguí con lo mío.
—Lo se, por eso estoy aquí— fruncí mi ceño y por fin regrese a verlo.
—Y eso me importa porque...— alcé mis cejas incitando a seguir.
—Porque te quiero invitar a una fiesta que daré el viernes, y también porque quiero invitarte a salir—sonreí.
—Oh, gracias, pero no creo poder ir contigo-—el me miró y sonrió.
¿Porque sonríes?
—Me refería a ir conmigo a la fiesta—
—Ella no podrá ir contigo, porque va a ir conmigo—
Yo rodé los ojos y sonreí.
—Oh, lo siento no sabía que era tu chica— y simplemente se fue.
—Espantas a mis ligues, Hunter—lo mire de brazos cruzados.
El solo sonreía.
—Lo se, ahora¿irías conmigo a esa fiesta?— pregunto apoyándose en los casilleros y cruzando los brazos.
—¿Acaso me estás invitando a salir?— pregunté cerrando mi casillero y dirigiéndome a la salida.
—No tonta, solo lo dije para que el otro imbécil que intentaba acercarse no lo hiciera y funcionó—el empezó a reír y yo solo me límite a verlo mal.
—Eres un imbécil hunter—
Seguí caminando hacia mi dormitorio y el venía detrás de mi.
—Joder Hunter, deja de seguirme, es molesto—
—Lo se, por eso lo hago—
Idiota.
Entre al edificio y subí hasta mi habitación al abrirla dentro de está estaba mi compañera que era nada más y nada menos que Hanna.
—Que sorpresa, creí que jamás conocería a mi compañera—sonreí en grande, y ella se quedó muda al verme, ¿o ver a Hunter? No lo sé, solo se que parecía pez fuera del agua, abriendo y cerrando la boca.
Después de que salió de su asombro hablo.
—Lo siento, me había quedado en la fraternidad de mi novio— respondió ella.
—Vamos Morgan, salgamos a beber algo—hablo Hunter.
Otra vez.
—Que no Hunter, largo de aquí—y le cerré la puerta en la cara.
—¡Mierda Morgan! ¡Me golpeaste en la cara!—grito al otro lado de la puerta, yo solo rei.
—¡Te lo mereces por seguirme!— grite yo.
—Dios, ese chico da miedo— dijo Hanna mirando la puerta.
—Nah, Hunter es un dulce pastelito—me rei de mi propio chiste.
—¡Te escuché Dalilah!— gritó él del otro lado de la puerta.
—¡Ya lárgate Hunter!—contesté yo.
Por dios.