CAPITULO TREINTA Y SIETE. Ni bien sus ojos la vieron, su corazón se detuvo y no supo que hacer ¿los dos enamorados de la misma mujer? Esto no podía ser cierto. De hecho, reconocer que estaba enamorado no podía ser cierto., pero lo estaba haciendo y sentía que se estaba ahogando. Cristian le estaba hablando sobre lo maravillosa que era Angie y él solo podía pensar en cómo había llegado a esa situación en la que ahora no solo era imposible vivir un romance con ella por ser hija de quién era, sino que era la mujer que amaba su mejor amigo. Desde lejos la vio irse entre la gente, pero lo que más le preocupó fue la extraña actitud que tomó un hombre mayor que estaba en la barra y que siguió a Angela cuando se fue por una de las puertas de emergencia. Esto lo alarmó. - Enseguida

