El comedor del rancho se llenaba lentamente con los primeros rayos de sol, que se colaban por los ventanales e iluminaban el polvo suspendido en el aire. El aroma del pan recién horneado y del café fuerte envolvía la estancia con una calidez que contrastaba con la tensión palpable del ambiente, densa como la niebla de la mañana. El Patriarca, Giovanni Moretti, Impecablemente vestido a pesar del largo viaje y de las pocas horas de sueño, Giovanni Moretti, el Patriarca, se sentó en la cabecera de la mesa con la rigidez de un rey en su trono, la espalda recta, los hombros cuadrados. Su mirada, afilada y fría como el acero, recorría cada rincón del salón con cálculo y experiencia, evaluando, midiendo. No se le escapaba nada, ni una mota de polvo. Frente a él, Daniel y Silvano le ofrecían u

