Capítulo 42.

1598 Palabras

Dominique no tardó mucho tiempo en dejarme otra vez en el suelo al mismo tiempo en que me abrió la puerta para que pudiera montarme al coche. Me sonrió sin dejar de mirarme y antes de que me subiera al asiento copiloto, me detuvo. — Me debes algo, corderito — susurró sin dejar de sonreír y cogí la corbata tirando de ella levemente hacia abajo, donde yo me encontraba. Mi corazón latió acelerado una vez más y miré más de cerca sus ojos turquesas que habían vuelto a coger aquel brillo particular, era muy probable que jamás iba a cansarme tenerlo así de cerca —. ¿Qué estás esperando? Puedes mirarme de cerca siempre que quieras de ahora en adelante. Soy todo tuyo, corderito. Lamió sus labios sin dejar de enseñarme su dentadura perfecta y sonreí alzando una ceja. — ¿Todo mío? — pregunté solta

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