No había nada en el mundo que una mujer que atuviese comprometida con el Kral deseara más que ese anillo en su dedo, esa una mezcla de poder, bella y estatus que de solo verla se reconocía el amor y el respeto que el esposo tenía por la mujer. El anillo había pertenecido a generaciones de Kralece, venía de una historia ancestral en el que la corona de la Señora de Turquía pasó a portarla en el dedo. Era un bello rubí en forma de gota que representaba la sangre, un símbolo de poder y devoción a los suyos, aquella bella piedra estaba rodeada en un costado por una línea de pequeños diamantes que hacía una pequeña silueta en sus puntas, el símbolo de la lanza y la serpiente, el artefacto y el animal con el que eran relacionados los turcos, letales y poderosos. Al pie de la parte más ancha de

