Karol Brown-Deja de hacer eso. - Le digo nerviosa.
-¿El qué? - Susurra.
Paso saliva. - De encarcelarme.
-¿Lo hago muy seguido? - Me pregunta con una sonrisa y acerca su rostro cada vez más al mío.
-¿Recuerdas nuestro primer beso? - Le pregunto casi sin voz. - Fué de la misma manera.
-Supongo que, es mi manera más habitual de hacerte temblar. - Suelta.
¿Qué ha dicho?... Espero haber escuchado mal, porque juro que si estuvo haciendo esto, solo por diversión. Sé que no lo soportaría.
-¿Qué? - Digo separándome de él. -No estarás hablando enserio, ¿No?
Un silencio se forma en la habitación y mis ojos lo atrapan murmurando algo.
-j***r, ¿Lo haces a propósito? - Le digo enfadada.
-No, Karol...Vamos, solo estaba bromeando.
Niego con la cabeza. - Eres un estúpido.
Estoy a punto de salir de la habitación, cuando siento que me agarra del brazo y me da la vuelta para juntar sus labios con los míos. Trato de separarme todo lo posible, pero él se aferra a mi espalda haciendo que todo mi cuerpo quede pegado al suyo. Y en cuanto su lengua entra en mi boca a pesar de estar enojada con él, ese cosquilleo en mi estómago sigue ahí, consumiéndome poco a poco.
Las manos que antes lo separaban de mi con fuerza, ahora están en su cuello, mientras la otra descansa en su pecho. Siento como muerde mi labio un par de veces y gimo sobre su boca.
Sus manos recorren por todo mi cuerpo de forma desesperada y entonces con pasos rápidos me lleva hacia atrás, en dirección a la cama. Dejo escapar un pequeño grito cuando caigo en ella, mis mejillas se ponen coloradas y comienzan a temblarme las rodillas, cuando me doy cuenta de lo que estamos haciendo.
Nuestras manos se unen y comienza a dejar besos por todo mi cuello, mis mejillas, mi boca, todo lo que tiene a su alcance. Sus besos sobre mi piel son tan cálidos que por un momento siento que me voy a desmayar.
-Te quiero. - Me dice cuando se separa un poco.
-Yo también. - Consigo decir.
Vuelve a dejar un beso en mis labios como una dulce caricia y me mira con ternura.
-Di que me quieres. - Me pide y yo sonrío.
-Te quiero, Leonardo. - Le digo con honestidad.
-¿Mucho?
-Como a nadie.
Coloco las manos en sus mejillas y las acaricio. Al instante observo aquella sonrisa marcada en su atractivo rostro y me estremezco. No puede ser que tan sólo su sonrisa, haga estas cosas en mi cuerpo.
Leonardo Smith:
-¿Tienes planes para hoy en la noche? - Le pregunto mientras acaricio su cabello entre mis dedos.
-Si - dice con tranquilidad. - Estar contigo.
Sonrío y me recuesto junto a ella en la cama.
-Estaba pensando en ir al cine. - Ella me mira atenta mientras hablo - ¿Quieres?
Su mirada se queda en pausa por varios segundos en mi cara y me pongo absurdamente nervioso. -¿Estás bien? - Le digo preocupado.
Entonces parpadea un par de veces y sacude la cabeza. - Lo siento. ¿Qué es lo que me decías?
-Quiero ir al cine contigo. - Le digo de una vez por todas.
Se queda pensando. - Tendría que hablarlo con mi madre. Pero sí, me encantaría.
-Asiento - Espero que te deje, de veras quiero que vayas conmigo.
-Es que iré.
Se me escapa una risita. -¿Y como estás tan segura?
-No lo sé pero tengo que ir. -Dice encogiéndose de hombros.
Vuelvo a sonreír y mis manos se colan por su abdomen. En cuanto lo hago, noto como se le eriza la piel.
-Leonardo...- Musita, advirtiéndome en voz suave.
Me incorporo nuevamente al frente de ella y las manos me pican de las ganas que tengo de acariciar y besar cada centímetro de su piel. Me contengo, debido a que todavía es menor de edad. Pero eso no significa que no pueda hacer nada.
Mis manos acarician su piel lentamente y hago un camino de besos desde su abdomen hasta su cuello. Le observo la cara y noto como se ha puesto roja y ahora tiene los ojos cerrados.
Adoro como puedo obtener efectos en su cuerpo con pocos movimientos o palabras. Me hace entender que verdaderamente siente lo mismo que yo, por ella.
Estoy a punto de besar sus labios como siempre he querido hacerlo y entonces, los sonidos en la puerta nos interrumpen y los dos saltamos en la cama, temerosos. Sí, amigos. Como ya se lo habrán imaginado, es la madre de Karol.
Karol abre los ojos como platos y entonces corre rápidamente, hasta la puerta para abrirle. Yo me levanto de la cama de la misma manera apresurada y cuando escucho el clic de la puerta al abrirse, los ojos de la madre se clavan en mi rostro.
Mierda.