Lo senté en la silla de mi escritorio para mostrarle el vídeo de su padre. Fíjate que no pensé que algo de Octavio me beneficiaría, pero al menos mi hijo ahora sabe la verdad de las cosas. Me dolió mucho verlo llorar, pero mucho más, escucharlo pedir perdón y abrazarme tan fuerte. Por más herida que me sienta, en mi corazón no hay espacio para rencores, después de todo; mi hijo es lo único que tengo y lo amo con toda mi alma. Me sentía feliz sabiendo que, al menos me creyó y se dio cuenta de su error. —Tú eres lo único que tengo, mi amor. Sé que he cometido muchos errores como madre, pero te juro que daré lo mejor de mí para que nuestra relación no vuelva a verse afectada por nada ni por nadie. No voy a pedirte que te alejes de tu abuela, porque sé que la amas, pero no permitas que vuelva

