Han pasado once largos y difíciles meses. Mi hijo está asistiendo a sus terapias voluntariamente. Los primeros dos meses fueron los más complejos, pues no me permitían entrar a sus terapias con él, pero a medida que ha pasado el tiempo han habido avances y ahora las terapias son grupales y dos veces por semana. Está bajo tratamiento y medicado, sé que aún hay un largo camino por recorrer, pero todo con paciencia se puede. Pensé que nuestra relación dejaría de ser la misma y que estaríamos distantes, como si fuéramos dos desconocidos, pero él está poniendo de su parte. Eso, más el apoyo de su abuela ha rendido sus frutos. ¿Quién diría que iba a estar viviendo con mi exsuegra? Por el bien de Francisco hemos hecho las paces. Creo que esta situación le sirvió para mejorar su conducta y darse

