Todos estaban ansiosos y nerviosos a diferencia de Elisabeth que era la única confiada viendo con orgullo a mi madre como si asegurara el primer lugar a su pastel de chocolate y a su vez intentaba calmar la mirada de enfado por haber dicho que la señora Gladys solo había hecho galletas de avena cuando había tomado el tiempo de hacer un castillo. Por otro lado, mi madre se veía desesperada, como si realmente deseara aquella rueda de queso Pecorino, aunque muy en el fondo sabía que aquél queso no era de importar cuando realmente su único objetivo era demostrarle a las señora Gladys que le ganaría. La Señora Gladys por su parte estaba tan confiada como solía ser, además de llevar en su rostro aquella mirada despectiva disfrazada en la ternura de una anciana, una anciana que te sorprendía

