Ya comenzaba a hacerse costumbre que mi cabeza doliera horriblemente. Me sentía ligera y hormigeante. Las imágenes de lo antes ocurrido eran borrosas en mi mente pero algo que me despertó repentinamente fue una pequeña escena de Hugo diciendo que me amaba. En cualquier otro instante habría imaginado que aquella escena había sido un sueño, uno de esos sueños muy ocurrentes de los cuales me hacían despertar feliz al imaginar una posibilidad de que ocurriera, sin embargo, estar en aquél a conocida habitación solo daba pie a creer en aquél “sueño” y hacerme palidecer el echo de que quizás eso sí había sucedido. Mis ojos veían sorprendida a aquel chico que se encontraba semidesnudo cubierto por la sábanas a mi lado y, por dentro, maldicia por no recordar casi nada y que mis ojos no quisier

