2 EL HOMBRE TURBIO El día siguiente a nuestro escape de la residencia fue algo raro para alguien como yo, que nunca había salido del complejo en la corta vida que había vivido hasta entonces. No habíamos llevado provisiones y tampoco teníamos dinero, pero el hombre sin nombre, que decía tener el mismo nombre que nuestro Amo, se las arregló para procurarnos unas frutas y pan para que comiéramos. No supe cómo lo consiguió, pero habíamos viajado cerca de un carrito de comidas de un negocio en la ruta. Sospeché que él sacó ventaja del “descuento de cinco dedos”, como lo llamaban los otros esclavos cuando robaban comida de la despensa. Después de nuestra magra comida, dormitamos bajo un árbol grande, ya que ninguno de los dos había dormido la noche anterior. No podía sacarme la sensación de

