Nos quedamos en Sapir un par de días más luego del concierto, y pasé casi todo el tiempo leyendo unos libros que Hawke me había comprado mientras hacía trámites. La mayoría eran libros de estudio, para ayudarme a reforzar mis conocimientos básicos de lectura. En seguida me aburrieron y opté por pasar más tiempo fuera de la habitación, que era poco segura, recorriendo la posada. Les sorprendería saber la cantidad diferente de cerraduras que hay en un edificio corriente: puertas, ventanas, despensas, el diario de algún huésped distraído que lo dejó olvidado por ahí. Este último fue lo que más disfruté. Podría decirle a Hawke que había estado practicando la lectura cuando volviera, aunque todo lo que tenía eran nombres de distintos hombres y mujeres y listas de actividades que, si hubiera te

