De acuerdo, a mí, como a cualquier otro, alguien me había puesto en el mundo olvidándose de darme un manual de instrucciones comprensible. Pero yo, el manual, lo había confeccionado a mi medida y me había ido bien. Lo que me molestaba de todo el asunto era que al parecer había perdido mi capacidad de analizar, yo que siempre había basado mis decisiones en base a un análisis objetivo de la situación. Y ahora todo lo que se me ocurría para tratar de comprenderme era pedir hora a la vidente de la que Ana me hablaba tan a menudo. La pobre Ana dependía tanto de aquella mujer que cada día era menos capaz de tomar una decisión sin consultarla. Según ella, sus consejos le habían evitado más de una debacle. Claro que las debacles de Ana son una parte indisoluble de su carácter, ella sin sus debacle

