Vanessa Thompson. —¿Quieres que llame para saber cómo está el ambiente por allá? Miro a Angie, dudosa. No quiero meterla en este problema, pero no puedo mantenerme escondida para siempre y no tengo dudas de que en algún momento sabrán que es aquí donde estoy. Asiento. Pero los latidos de mi corazón se sienten frenéticos en mi pecho. Y ese temblor frío que se siente cuando tenemos miedo, hace saltar mi estómago. Angélica levanta el teléfono que está sobre la mesilla y marca el número de la casa que comparto con Steve. Me mira con un gesto serio, mientras espera que alguien responda. Hoy es domingo y se supone que Steve estará en la casa, a no ser que esté aprovechando mi ausencia para verse con su amante; no es que le haya preocupado eso antes. —Buenas tardes, Nani —saluda Angélica

