Chase Baldwin. Hace unas pocas noches atrás la follé como loco desordenado, la escuché gritar y gritar mientras se apretaba a mi alrededor. Sé que disfrutaba y en el fondo de mis pensamientos algo me decía que para ella, eran nuevas sensaciones. Hoy, sin embargo, quiero enseñarle lo que se ha estado perdiendo todo este tiempo. Y lo mejor de todo es que lo aprenderá conmigo. Que el sexo es más que confortable, placentero. Que puede volverse una extensión de nuestros cuerpos si se logra alcanzar ese punto de rendición exhausta. Y yo se lo daré. Vaya que se lo daré. Mientras con una mano me dedico a frotar sin mucha presión sobre su intimidad, me inclino sobre ella, casi acostado, hasta que mi boca queda a la altura de sus pechos desnudos. Vanessa no deja de mirarme, siguiendo mi orden

