15. Consecuencias

941 Palabras
—Hola, avecilla, siento insistir pero espero que llegues pronto. Rusé Carmin cortó el llamado que estaba haciendo a Chouette Blanche para evitar un ataque del nuevo villano. Había estado luchando contra un sujeto que controlaba las plantas y tenía todo cubierto de enredaderas. Luego de varios minutos, Rusé Carmin logró detener al sujeto y sacarle la perla negra del pecho, pero no podía destruirla sin el poder de su compañera. —Hola, amigo —dijo Rusé Carmin inclinándose sobre el hombre que había vuelto a la normalidad— ten cuidado para que el mal no vuelva a poseerte. —Cla... claro... ¿y Chouette Blanche? —preguntó el aludido. —No pudo venir, pero ya se encargará de destruir la perla. No te preocupes —contestó Rusé Carmin con una sonrisa. Se puso de pie, se despidió con la mano y se fue, esperando que su compañera se encontrara bien. (~~) —Gabrielle, Rusé Carmin necesita nuestra ayuda —dijo Hibo, pero la chica continuó acostada. —Lo siento... no me siento bien —se disculpó la pelinegra. —¿Es por lo de ayer con Matt? —inquirió Hibo. Gabrielle no respondió — Gabrielle, si te sientes tan mal por aquello, deberías decirle. Se supone que él te quiere, pero al final solo te hace sufrir. —No me hace sufrir, Hibo. Fue mi culpa por hacerlo enojar. Y... creí que así me olvidaría de... —Gabrielle, no. No es tu culpa que él se enoje ni que te haga cosas que no quieres. En ese momento, tocaron la puerta de la habitación.  Hibo se quedó junto a la chica mientras entraba la madre de Gabrielle a la habitación. —¿Qué pasa, hija? ¿Te sientes mal? —dijo preocupada acercándose a la cama de Gabrielle, sin ver al búho que estaba junto a ella. —Me duele un poco la cabeza, pero nada preocupante, mamá. Sandra le acarició el cabello y la besó en la frente. —De todas maneras, te traeré un té. —Gracias, mamá. Sandra salió de la habitación, dejando descansar a Gabrielle. Al día siguiente Gabrielle llegó temprano al colegio y fue directamente a su salón y se sentó en su puesto. A los pocos minutos llegó André y se fijó en ella, acercándose con precaución. —Hola, Gabrielle —dijo en voz baja— ¿te encuentras bien? —Perfectamente —contestó ella sin mirarlo. —Oye, lo que pasó donde Irina... —Ya no importa. Solo... déjame en paz, André —interrumpió la chica sintiendo el corazón apretado por tratar mal a su compañero. Pero sentía que alejarlo de esa forma era lo mejor para ambos. André asintió con tristeza y fue a su propio banquillo a esperar en silencio que las clases comenzaran. (~~) —Pero es que de verdad no puedo creerlo, Natasha, ¿te diste cuenta cómo se la llevó? ¡Es un animal! —Claro que sí, todos lo vimos. André y Natasha estaban caminando por el parque bajo la Torre Eiffel. —¿Cómo alguien puede atreverse a tratarla así? Ella no se merece eso —continuó quejándose el rubio. —Bueno, a veces una aguanta muchas cosas por amor. Te vuelves algo tonta. —¿Algo tonta? ¡Totalmente ciega, diría yo! —A veces es difícil terminar algo porque quieres a esa persona y te duele pensar no tenerla, aunque te des cuenta que en el fondo no te quiere lo suficiente... —Pues quisiera decirle algo, pero ahora ya no solo es como si no existiera para ella. Ahora como que me odia. Es tan molesto. —Te preocupas mucho por Gabrielle —comentó Natasha, deteniéndose. —Cla... claro que sí. Es mi amiga y la quiero —respondió André, ruborizándose. —Así que la quieres. ¿Sabes? Quisiera que te preocuparas de mí de la misma forma en la que te preocupas por ella —dijo Natasha con tristeza. —Pero tú no estás en su situación, Natasha... son cosas diferentes. —No lo sé. Creo que también estoy en una relación donde no me quieren lo suficiente. Ah, lo siento, tampoco es que tengamos algo serio. Se lo has aclarado a todo el mundo. André quedó sin saber qué decir. —Mira —continuó Natasha— creo que nosotros dos no funcionamos juntos. De hecho, estaba mejor contigo cuando solo éramos amigos. —Lo siento, Natasha —susurró André. —Yo sé que lo sientes, pero quiero que seas sincero conmigo. Es tu momento para pedirme que seamos novios o para que dejemos de vernos un tiempo. André y Natasha se miraron. —Natasha, yo... te lo juro, hice mi mayor esfuerzo para quererte tanto como mereces... pero... —No sigas —lo interrumpió la pelirroja— entonces, creo que hasta aquí llegamos. Quisiera... no verte por un tiempo. —Claro... lo entiendo... y lo siento, de verdad... —Está bien. No estábamos hechos para estar juntos. André miró al suelo. Por una parte se sentía culpable de hacer sentir mal a Natasha, pero por otro lado, estaba aliviado de no tener que fingir ni intentar convencerse de algo que no podía sentir. —Y... creo que Gabrielle necesita a un buen amigo que la haga entrar en razón—comentó Natasha—. Quizás puedas hablar con Irina o alguien más que sea cercano y a quien escuche. —Sí, creo que tengo a alguien en mente. —Bueno, adiós. —Gracias por comprender, Natasha. Y espero que pronto podamos ser amigos de nuevo. La chica asintió con la cabeza, dio media vuelta y se alejó. —Bueno... eso fue inesperado —susurró Ren apareciendo junto a André. —Sí, pero creo que fue lo mejor. Ahora, debemos prepararnos para una visita nocturna a Gabrielle. —Natasha tiene razón. Te preocupas demasiado por Gabrielle —comentó el zorro. —Me preocupo lo suficiente, Ren —se defendió André. Luego miró el reloj de su teléfono— Bueno, me quedan diez minutos para llegar al ensayo. Luego de eso, iremos donde Gabrielle. —Lo que tú digas, Romeo —susurró Ren sin que el chico lo escuchara.
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