Gabrielle se sintió más querida y protegida que nunca. En el colegio, durante los recreos, André, Irina y Jean no se separaban de ella, y muchas veces se les unían Julie, Rosemarie, Florencia, Mylène e Iván. Hablaban de cosas sin importancia, comentaban sus planes para las vacaciones o reían de todo y nada. Un día, Irina y André estaban sentados con Gabrielle en las escaleras, hablando de danza, hasta que llegó Matt, quien intentó acercarse a Gabrielle. —Gabi, ¿puedo hablar contigo? —dijo el pelinegro ignorando las miradas furiosas de los amigos de la chica. Gabrielle lo miró con el corazón encogido. —No, no puede —respondió la morena. —No te estoy hablando a ti —espetó el chico. —Irina tiene razón —interrumpió Gabrielle— no puedo hablar contigo. No, más bien, no quiero. Así que, po

