André se encontraba en el teatro, ensayando para la presentación de la nueva obra musical de su padre. Volteretas, saltos y demás seguían y seguían. Aunque intentaba permanecer serio, a veces se le escapaba alguna sonrisa, cuando recordaba que su avecilla también sentía lo mismo que él. —¡Vamos, André! Necesito una mirada sexi no una cara embobada —exclamó el coreógrafo, haciendo que el rubio volviera a concentrarse en su trabajo. Luego de varias horas de baile, poses y cambios de ropa, al fin había terminado todo. André fue a su camerino para ponerse su ropa de siempre y esperar al chofer para volver a casa. —André estaba un poco distraído, ¿no crees? —oyó a la maquilladora al otro lado de la puerta. —Quizás volvió a enamorarse —dijo la voz del coreógrafo. —Yo diría que se acaba de e

