— Señorita, la señora Tanya está en el living, desea verla — me informa una de las empleadas. — Enseguida bajo — me recompongo de la llamada con mi padre y bajo a recibir a Tanya. — ¡Querida! — me abraza — vine a ver cómo estás — nos sentamos una al lado de la otra. — Estoy bien, gracias, sólo ocupada con algo de trabajo, lo siento, no he hecho tiempo para salir contigo — miento, lo he estado evitando. — Tranquila, sé que eres como Gabriel, ambos trabajan mucho y muy duro, ¿has hablado con tus padres?. — Sí, a diario mi padre me llama cuando me levanto, en realidad estoy trabajando con el horario de América y termino muy agotada por el desajuste horario. — Me imagino, quería invitarte a una tarde de spa, ¿te apetece?, luego podríamos ir a comprar algunas cosas si estás de ánimo — pre

