Capitulo 5

1835 Palabras
Sonriente termino de arreglar el cabello de una clienta y en cuanto ella se ve al espejo, sonríe feliz y me agradece complacida. Se marcha y yo me encargo de dejar limpio una vez más mi lugar de trabajo. –Madelia... –asiento y volteo a ver a Helen. – ¿Contaremos contigo para el cumpleaños de Elisa? –asiento. –Sé que ayer no escribí por el grupo y lo siento me mantuve ocupada, aunque si leí vuestros mensajes, ¿Debo llevar algo? – ¿Qué te parece si llevas de esa deliciosa salsa que llevaste en el último compartir? –volteo, es Elisa, la pronta cumpleañera. –Estaba deliciosa y me encantaría comerla nuevamente. –Pues, a la cumpleañera lo que pida –da saltitos de felicidad, ella es la más joven de todas y se desempeña en la manicura y la verdad es maravillosa en lo que hace. –Eso si Elisa, llegare un poco tarde ya que tengo un compromiso más temprano, pero si iré a tu festejo –esta sonriente asiente. – ¿Tienes pensado arreglar tu cabello para ese día? –La verdad a un no sé, Mara se ofreció en obsequiarme un tratamiento para mi cabello, pero no sé si cortarlo o teñirlo. –Deberías pensártelo, estas entrando en tus veinticinco años y debes lucir radiante –comenta Helen, de pronto Elisa se sonroja. – ¿Por qué estas sonrojada? ¡Acaso! –Ese día ira un chico que me gusta muchísimo –sonrió al ver la ilusión en su mirada. –Creo que un cambio no me vendría mal. –Claro que no –comento. –Además un cambio de look no cambiara tu esencia así, que piénsatelo, Mara hace unos cambios muy radicales y maravillosos. Todas vemos en dirección a nuestra jefa, esta se encuentra atendiendo a una de sus clientas fijas y que nunca falta, viene cada quince a veinte días, tengo entendido que es una presentadora de noticias de un famoso canal local de Londres y si, ellas siempre deben estar impecables y Mara es maravillosa en lo que hace. – ¡Bien! Entonces quedo atenta al día de tu cumpleaños –digo. –Vale Madelia –dice Elisa y ella y Helen se marchan a su lugar. Yo por mi lado tomo asiento y comienzo a revisar mi móvil, al entrar a mis chats, sonrió al ver un par de fotos enviadas por Nuria. En una sale la pequeña Nina sonriente y en la otra, sale Julie con la pequeña en brazos ambas riendo, ambas son una hermosura. De pronto recibo un mensaje nuevo, de un número que no tengo registrado y mi corazón se salta un latido al ver que se trata de Ridey. Me quedo sin reaccionar y eso que solo me está preguntando como va mi día, ¿Por qué demonios actuó de este modo? ¿Tanto me gusta? ¿Tanto me altera los sentidos? ¡Dios! Procedo a responder con normalidad y bloqueo mi móvil, pero no pasa ni cinco segundos cuando recibo su respuesta y de inmediato voy a leer que me ha dicho. Mis manos se ponen sudorosas y mi corazón late como loco, y desde mi última relación, no me había sentido de esta manera. Ridey: Saber que tu día está bien, me alegra, yo en este momento me encuentro solucionando unos asuntos, ¿Crees que pueda pasar por ti al terminar tu jornada? Ok, me quiere venir a buscar cuando salga de mi trabajo, ok, Ridey vendría, nos veríamos y, ¿Podría ocurrir nuestro primer beso? ¿Qué demonios estoy pensando? ¿Por qué me urge tanto besarlo? ¡Ah sí! ¡Es porque siempre deseé eso cuando descubrí que me gustaba! – ¡Maldición! –mascullo. – ¿Todo bien Madelia? –me sobresalto y observo a Helen, esta se encuentra atendiendo a una chica. –Sí, sí, todo en perfecto estado –sonrió y vuelvo a mi móvil. Madelia: Sí, me gusta la idea, a las 19hrs. Respondo, espero una respuesta y me envía un puto emoji de un beso. – ¡Carajo! – ¿Madelia? –volteo nuevamente, la cara de preocupación de Helen me causa gracia. –Todo está bien, cosas de mi hermano –esta asiente y vuelve a lo suyo. Bloqueo mi móvil, me observo en el espejo y suspiro, debo de dejar de sentirme nerviosa cada que pueda ver a Ridey, cuando estábamos en Boston todo era genuino, nada forzado y en este momento, que ambos nos dejamos saber que nos gustamos debe ser del mismo modo, todo natural, nada forzado, ¿No? . ¡Joder! ¡Estoy putamente nerviosa! Arreglo un poco mi blusa, me observo desde los pies y creo que aun continuo estable, mi exterior porque internamente estoy tan nerviosa, ¿Por qué? Ni idea, pero el solo hecho de ver a Ridey me altera todo. La luz fuerte de las farolas de un coche me encandila y en cuanto se detiene delante de mí, mi corazón se salta un latido al ver que se trata del chico que me gusta tanto. Me acerco, contando incluso mis pisadas para no terminar enredando mis pies y caer como idiota en el suelo. En silencio subo al coche, ni siquiera cruzo mi mirada con él, me encargo de mi cinturón, me acomodo en mi lugar y fijo la mirada al frente, dejo salir todo el aire retenido en mis pulmones y cuando estoy lista para verlo, volteo de a poquito para así terminar con el corazón palpitando como loco al ver lo que en este momento mis ojos y mi mente no pueden procesar. – ¿Q–que es esto? –digo nerviosa y feliz a la vez, Ridey inclina su cabeza a un lado para así poder verme, y esboza una corta sonrisa. –Es para ti –es un precioso arreglo de flores amarillas, no las mismas que me envió a casa, son otras. –Creo que, este impulso de obsequiarte flores, es por las veces que desee hacerlo y que me limite hacer. –Ridey... –les tomo de sus manos. –Son preciosas. –Y radiantes como tú. Las acerco a mi rostro e inhalo el olor tan dulce que estas desprenden y de inmediato salimos del lugar. Me quedo como boba idiota detallando el arreglo en mis manos y de pronto siento un nudo en mi garganta porque para ser honesta, nadie me había regalado flores, ni siquiera mi ex, porque ni para eso era bueno, la detallista de la relación siempre fui yo. – ¿Tanto te han gustado? –Mucho, nadie me había regalado flores y mucho menos tan seguido –confieso. –Mi ex era incluso malo para dar detalles de estos. –Bien, creo que estoy empezando con buen pie, ¿No? –rio bajito y asiento, volteo a verlo, él me observa de reojo. –Lo estás haciendo bien, hermoso... –cierro con fuerza mis ojos y no puedo creer que le he dicho hermoso al hombre que me gusta. – ¿Soy hermoso? –chiteo y esté suelta una risita. –Ay por favor, Ridey, sabes que si lo eres –llevo la mirada al frente, observando las calles de Londres. –Tu cabello azabache, es así como la noche oscura o incluso un túnel con oscuridad densa, tus cejas pobladas, tu barba y tu piel de tez clara, eres alto, fornido y tienes una sonrisa... –yo sonrió como idiota. –Una sonrisa cautivadora, la manera tan misteriosa de ser es lo que atrae más la atención y... –Para, porque me lo voy a creer. –Pues créelo, porque no estoy mintiendo en nada de lo que estoy diciendo. Y no dice nada más al igual que yo, minutos después nos encontramos ingresando a la calle de donde vivo y la verdad es que sentí el recorrido muy corto y no me quiero bajar del coche. Pero tomando mis cosas, un poco cabizbaja, dejo salir un suspiro y antes de que pueda abrir la puerta del coche, la mano de Ridey detiene la mía y lo observo. – ¿De verdad luzco, así como tú lo has dicho? –pregunta. –Y olvide lo más importante. – ¿Qué será? –bajo la mirada a sus labios, para volver a sus ojos. –Tienes unos ojos color café muy bonitos, pero con un brillo nostálgico, a veces transmites secretos, tristeza y dolor, y me encantaría ver el otro lado de tu mirada, ese que es feliz, brillante y lleno de amor. –Madelia... –su respiración choca entre mi nariz y mi labio superior. – ¿Cómo es que puedes ver en mi todo eso? –No lo sé –susurro. –Quizás soy muy buena describiendo a las personas, yo, no lo sé, Ridey... Uniendo su frente a la mía, siento el olor de su fragancia suave y masculina, la calidez de su respiración y como en un solo impulso podría estar tocando sus labios. –Tus labios... –digo. – ¿Mis labios qué? –relamo los míos y trago duro. –Son preciosos, carnosos, en un tono rosa muy sexy y... –Por Dios, ven acá... Y en cuestión de segundos, nos encontramos besándonos, con sus preciosos labios sobre los míos, sintiendo lo suave y dulce de estos. Llevo mis manos a su rostro y en este momento el cosquilleo en mi estómago es intenso, su respiración es un desastre al igual que la mía y cuando siento su lengua abrir paso en mi boca, mi cuerpo entero se eriza y lo permito, rozando así mi lengua con la suya y sintiendo el roce y la humedad de su saliva. –Detente... –susurra y yo niego, impulsándome para intensificar el beso. –No es una buena idea –masculla, pero termina cediendo y un ligero gruñido de sus labios me excita. – ¿No te gustan mis besos? –digo en medio de este. –No es eso, es que... –nos detenemos, ambos con la respiración desastrosa, nuestras frentes unidas. –Pienso en otras cosas más, subidas de tono –vuelve a su lugar, sacude un poco su cabeza, quizás intentando calmarse. –Eso fue... –Intenso... –Muchísimo... –limpio un poco alrededor de mis labios. –Mejor me retiro. –Uju... –intento no echarme a reír y tomando mis cosas y abriendo la puerta del coche, antes de bajar del coche, Ridey me toma del antebrazo y me lleva hasta él. –No pienses que no quiero más –susurra cerca de mis labios. –Solo quiero hacer las cosas, muy diferente contigo y... –sonrió. –Me encanto el beso. –A mí también... –Buenas noches, Madelia. –Buenas noches, Ridey. Y bajando del coche, nos despedimos una noche más y al verlo marchar, no puedo evitar dar saltitos y reír como loca, si, como una loca por Ridey Bernabéu.
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