—¿Qué pasa, Brian? —cuestionó Gabrielle pasando por la puerta y mirándolo con preocupación. Brian se ajustó sus anteojos, mientras se sentaba y la miró fijamente, como si hubiera visto un muerto.
—¿Gabrielle?
—No, la muerte, que viene por ti —se burló la pelinegra, completamente divertida.
—Muy graciosa… —mencionó él, quien sinceramente había sentido que estaba a punto de morir con lo que había pasado momentos atrás. Su corazón apenas y estaba calmando sus latidos y con un ritmo que poco a poco se tornaba más desacelerado.
Brian cayó tendido sobre la cama, recuperándose del susto, y quedó con la cabeza viendo hacia el techo, en donde aprovechó de buscar agujeros que pudieran explicar el viento que ocasionalmente soplaba en la habitación.
La chica se acercó a él y lo abrazó, notando los latidos aún acelerados de su corazón.
—¿Qué sucedió? ¿Por qué estás tan agitado? —lo cuestionó con tono preocupado.
—No es nada, Gaby; creo que me estoy imaginando cosas —respondió, intentando parecer más tranquilo.
Ella no quedó del todo satisfecha con lo que él acababa de decir, pero tampoco parecía tener interés en seguir preguntando, simplemente lo abrazó fuertemente y se quedó pegada a él, mientras él posaba su mano sobre su rizada cabellera negra y la acariciaba con devoción.
Era terrible lo que le estaba ocurriendo con Quinn y sinceramente no quería tocar ese tema, no quería perder a su enana.
“¿Qué clase de imbécil soy?” —se preguntó mentalmente, sin dejar de acariciar a la pelinegra.
Hubo un silencio prolongado, en el que Gabrielle se removió con intranquilidad, y Brian supuso que quizás ella pensaba que él se había quedado dormido.
Ella se incorporó y lo miró, él tenía los ojos cerrados, pero podía percibir todo cuanto ella hacía y no pudo evitar sentirse a gusto junto a esa enana enojona. Ella besó suavemente sus labios y justo en ese momento una de las manos de él la rodeó y la abrazó, pegándola más y profundizando el beso.
Ambos empezaron a sentir cómo sus cuerpos se calentaban cada vez más, mientras con sus manos el castaño empezaba a explorar a su chica. No podía evitar querer ir más allá y percibía, por los ligeros suspiros que emitía, que para ella no era diferente tal sensación de adrenalina y de deseo.
La pasión empezó a desbordarlos y Brian no pudo evitar quitarle suavemente el sweater n***o enorme que ella siempre usaba, para poder sentir más cerca su cuerpo, acarició lentamente cada parte, saboreando como si no hubiera un mañana.
Y quizás no lo hubiera, si las cosas con Quinn seguían de la misma forma en que iban o si definitivamente confirmaba que ella estaba embarazada.
Brian pensó en la posibilidad de ir más allá con Gabrielle, pero quizás sería muy descuidado de su parte y pondría más en riesgo las cosas, a pesar de que el olor embriagante de la pequeña lo enloqueciera e hiciera que quisiera tocarla mucho más, besarla hasta más no poder y hacerle el amor en ese mismo momento.
Brian interrumpió el beso y la separó un poco de él, para luego mirarla fijamente, intentando no parecer desanimado y, mucho menos, demostrar la lujuria que se estaba despertando en él tras esos besos.
—Creo que es mejor no seguir —rio el castaño, ajustándose sus lentes que se habían movido durante la sesión de besos que habían tenido.
—¿Por qué? —cuestionó la chica con dulzura y pareciendo bastante decepcionada. Luego hizo un puchero que le causó demasiada ternura a Brian, pero él tenía que ser fuerte.
—Porque quiero que sigas siendo virgen —contestó él sencillamente— y yo sé que, si no detengo las cosas ahora, tú tampoco me frenarás y ya no habrá vuelta atrás —le aseguró y simplemente besó su frente.
—¿Y por qué quieres frenarte? —interrogó esta vez con tono mucho más decepcionado y mirándolo fijamente a los ojos, lo que hizo que él sintiera mucho nerviosismo pensando en cómo llevar la conversación a partir de ese momento.
—Porque no quiero lastimarte —respondió Brian con tranquilidad.
Se incorporó en la cama y se levantó para ir hacia la ventana, que estaba tapada con trozos de madera clavados a la pared con unos escasos clavos oxidados.
Por entre las rendijas que se formaban, pudo ver hacia la calle y notar a un niño pasar, seguramente era la hora en que salía de alguna actividad escolar e iba camino a su vivienda. Y eso le permitió recordar cómo él también pasaba por esa calle cuando estaba más pequeño, junto a Gabrielle, para ir a su propia casa: la casa donde fue feliz, aunque tuviera poco.
—¿Y me lastimarás sólo por no frenarte? —Gabrielle interrumpió sus pensamientos con esa nueva pregunta y él simplemente se regresó hacia la cama.
Ella estaba sentada en el mismo lugar que él la había dejado, pero con sus piernas enroscadas en una postura similar a la del yoga. Se levantó cuando él se acercó y se puso de rodillas, para luego acercarse casi gateando hacia él y mostrando una mirada traviesa.
—No me hagas más preguntas, pequeña… sólo abrázame.
—Te amo, Brian —afirmó ella y seguidamente saltó sobre él para abrazarlo por el cuello y halarlo hasta hacerlo caer sobre ella en la cama.
—Será un poco extraño para mí mismo decir esto, pero… yo también te amo, Gaby. No quiero perderte nunca.
Pero sentía, tras lo que había pasado con Quinn, que existían altas probabilidades de perder a su amada.
—No me perderás nunca, siempre he estado contigo y siempre lo estaré, incluso aunque se presente la mayor de las adversidades —aseguró ella, pero él sabía que, si había algo en el mundo que Gabrielle Sibelius no perdonaría sería que él dejara embarazada a una mujer y la abandonara sólo por ella.
Él suspiró.
Se abrazaron y se quedaron así hasta quedarse dormidos, pues la paz que le producía su enana no la había experimentado nunca antes con alguien más.
Abrazado a Gabrielle no pudo evitar soñar nuevamente con la imagen surreal de una criatura que parecía sacada de un cuento de terror, parecía una edificación gigante, como una torre a la que no le veía fin, pero tenía muchos ojos que lo miraban fijamente. Además, él estaba suspendido sobre la nada, y todo brillaba mucho a su alrededor.
Había personas aladas por todas partes, con una piel tan perfecta y brillante que reflejaban la descripción gráfica de la imagen de los ángeles embellecidos de las pinturas renacentistas. Pero también algunos seres alados humanoides tenían también ojos por todo su cuerpo, pudo notar que eran tipos diferentes de ángeles y pensó que podría sentir temor con ese sueño, pero la sensación era realmente pacífica y lo tranquilizaba.
—Temo la posibilidad de fallar en esta misión, llevo muchos años como ángel guardián.
—Tienes que ir. Sólo tú puedes hacerlo…
Despertó poco después sintiendo la mano de Gabrielle moviéndolo en el lugar en el que se encontraba, y se dio cuenta que no podía enfocarla bien, no tenía los lentes posicionados en su cara. Se dio la vuelta y se los encontró a un lado, así que se los volvió a poner y pudo ver nuevamente cómo esos ojos marrones lo miraban con dulzura y devoción. En definitiva, volvió a reafirmar que era una completa basura, porque probablemente no podría retribuirle de la misma forma a ella si las cosas con Quinn no se solucionaban.
—Es hora de volver a casa, está haciéndose de noche —susurró Gaby y Brian notó que, efectivamente, a su alrededor había empezado a oscurecer, y sería peligroso permanecer esa noche en ese lugar.
Acompañó a la chica hasta su casa y luego él tomó dirección a la mansión de sus tíos, esperaba poder dormir más tranquilo esa noche.
Pero, en el fondo, sabía que, de una forma u otra, tenía que encontrar la manera de salir del embrollo en el que estaba metido.
“El embarazo de Quinn podría ser el desastre más grande de mi vida” —pensó con un gran temor apoderándose de él.
¿Qué podía hacer para salir de tal problema?