Nostalgia y Nuevos Comienzos

2384 Palabras
El amanecer en Londres traía consigo un aire de cambio. Mientras el taxi avanzaba hacia el aeropuerto, no pude evitar sentir una mezcla de nostalgia y expectativa. Había dejado mi vida de estudiante, con sus rutinas y certezas, para embarcarme en un viaje de retorno a lo incierto. Con pasos firmes y decididos, crucé las puertas automáticas del aeropuerto y me dirigí directamente al mostrador de la aerolínea. El proceso de facturación fue un mero trámite, una formalidad antes de tomar asiento en la sala de espera. Fue entonces cuando mi teléfono sonó, y una llamada interrumpió. —Damián, ¿cómo vas? ¿Dónde te encuentras?— La voz de mi mejor amigo sonaba a través del auricular. — Estoy en el aeropuerto, mi vuelo está por salir. ¿Qué sucede?, pareces preocupado. — No te imaginas por qué, Mariana ya me tiene loco, de estar preguntando cuando llegas — Me río. — Y eso que apenas vas comenzando y ya te tiene de esa manera, prepárate, te faltan más. La conversación con Kalet siempre tenía un toque de humor que aligeraba cualquier situación. Ya me lo suponía que Mariana se volvería de esa forma. Son de esas amistades que, sin importar el tiempo o la distancia, se mantienen genuinas y cercanas. Después de colgar el teléfono, me sumergí en mis pensamientos, observando a las personas que, como yo, esperaban su turno para embarcar Algunos parecían ansiosos, otros absortos en sus dispositivos electrónicos, y algunos más, como una pareja de ancianos que se toman de la mano, irradiaban una serenidad contagiosa Finalmente, mi vuelo fue anunciado y me puse de pie, recogiendo mi equipaje de mano El avión se elevó por encima de las nubes, y con él, mi espíritu se alzó hacia nuevas alturas. La familiaridad de Londres se desvanecía bajo mí, y aunque parte de mi corazón siempre pertenecería a esa ciudad, sabía que era el momento de mirar hacia adelante. El avión descendió suavemente, atravesando capas de nubes hasta revelar el vasto paisaje urbano que se extendía debajo. A pesar de la tranquilidad que había mantenido durante el vuelo, una oleada de emoción me recorrió al pensar en los reencuentros que estaban por venir. El vuelo había sido largo, pero la perspectiva de ver a mi abuelo y a mi hermana me mantenía de buen ánimo. Siempre habían sido el ancla de mi vida, y aunque los estudios me llevaron lejos, el lazo que nos unía nunca se debilitó. Al salir del área de reclamo de equipaje, los busqué con la mirada. No tardé en encontrar a mi abuela, quien, a pesar de su edad, parecía tener más energía que muchos jóvenes. Estaba de pie, con una sonrisa tranquila, y a su lado, mi hermana agitaba la mano para llamar mi atención. . — Damián, aquí— grita ella, y no pude evitar sonreír. Caminé hacia ellas, y lo que siguió fue un saludo familiar: un fuerte abrazo de mi abuela y un golpe juguetón en el brazo de mi hermana. —¿Cómo estuvo el vuelo?—pregunta mi abuela. —Largo, pero sin contratiempos— respondí. Al llegar a casa, el silencio de mi habitación fue un contraste bienvenido después del bullicio del viaje. Elegí cuidadosamente mi atuendo, optando por algo elegante, pero no demasiado formal, algo que reflejara la alegría de la ocasión. Una ducha rápida y un cambio de ropa después, estaba listo para enfrentar la noche. Luego de terminar de alistarme, me dirijo a donde se encuentra mi abuela y mi hermana que están en la sala. — Wuoa, qué guapos te ves, hermano— se me acerca emocionada. — ¿Soy guapo, qué esperabas, Dakota?—respondí con una sonrisa juguetona. — Qué engreído eres, además, ¿puedes creer que Mariana está por casarse? — dijo, Dakota, con una mezcla de sorpresa y emoción. — Eso era de ahí, llevan muchos años de relación, pero estoy emocionado por ellos — sintiendo una alegría genuina por mis amigos. — ¿Y tú para cuándo?— me miran ambas con miradas expectantes y curiosas. — Aún amo mi soltería, pero si llegas la indicada me casaré, pero mientras voy a disfrutar, una cosa, ¿Tú no eras una dama? — pregunté, notando una ligera preocupación en mi voz. — Lo soy, pero no puedo ir. Para esa fiesta tiene que ir uno muy elegante y no tenía vestido — lo dice, con una mezcla de timidez y tristeza. — ¿Por qué no me costaste que no tenías? Podría haberte comprado uno o mandado para que lo compraras — dije, con un tono de preocupación y cariño. — No quería molestarte, hermano — responde con timidez y gratitud. — Dakota, si necesitas algo tienes que decírmelo, ¿bien? — insistí, con una mirada seria pero comprensiva. — Bueno, te lo diré, dile a Mariana que estoy enferma o tengo de algo de la universidad — dijo Dakota, con una sonrisa traviesa. El trayecto hasta la fiesta de compromiso de Mariana fue sorprendentemente rápido, un breve interludio antes del despliegue de glamour que me esperaba. Al acercarme a la entrada, el destello de las cámaras y el murmullo de los invitados me hicieron sentir como si estuviera a punto de pisar una alfombra roja. No era para menos; después de todo, Mariana no solo era una amiga querida, sino también la heredera de una de las empresas más prominentes del país. “Parece que van a tirar la casa por la ventana,” —murmuré para mí mismo, impresionado por la magnitud del evento. Cruzando el umbral, dejé atrás el frenesí de los flashes y las expectativas. Dentro, la atmósfera se transformó. La música suave se elevaba por encima del susurro de conversaciones, y la decoración, elegante y meticulosa, junto con las luces tenues, creaba un oasis de tranquilidad en contraste con el bullicio exterior. Me tomé un momento para absorber la escena, para permitir que la serenidad del lugar se impregnara en mí. Era una noche para celebrar, para reconectar con viejos amigos y para honrar el amor y el compromiso de Mariana. Con una respiración profunda, me adentré en la celebración, listo para felicitar a la anfitriona y sumergirme en la alegría de la ocasión. Me acerqué con una sonrisa, notando cómo Kalet le susurraba algo a Mariana que le hace reír. —Espero no interrumpir—dije, mientras ellos se giraban hacia mí. —¡Damián!— se lanza a mis brazos, con una gran sonrisa. — Pensé que no ibas a llegar— dijo, haciendo pucheros. — No me lo perdería —le doy un abrazo a Kalet — Me alegra que hayas llegado, si no mañana me encontrarías en un sanatorio— Mariana le pega en el brazo, con una mirada divertida. Busca con la mirada, alrededor y ya me imagino a quién —No puedo venir, tenías trabajos de la Universidad, que lo siente mucho por no haber venido. — Lástima, quería que me acompañara — respondió, Mariana, con una expresión de decepción Después de nuestro cálido encuentro, Mariana sugirió que nos uniéramos al resto de sus amigas en una mesa apartada —Ven, te quiero presentar a algunas personas— dijo, guiándonos a través de la multitud. Kalet y yo la seguimos hasta una mesa redonda decorada con un centro de flores delicadas y velas que parpadeaban suavemente. Al acercarnos, un grupo de mujeres se levantó para recibirnos. Eran las amigas más cercanas de Mariana, algunas de las cuales había conocido en breves encuentros anteriores. — Chicas, este es Damián — me presentó con entusiasmo. Las presentaciones se hicieron con sonrisas y apretones de manos — Es un placer ver a tantas caras nuevas y algunas conocidas— dije, mientras me acomodaba en una silla entre ellas La conversación fluyó fácilmente, entre anécdotas de la universidad y planes futuros. Las risas se mezclaban con el tintineo de las copas y el suave murmullo de la música de fondo. La fiesta era un mosaico de encuentros y reencuentros, pero ninguno tan significativo cuando la conocí por primera vez Escucho cómo la gente, alrededor, comienza a mirar alrededor y mirando hacia una dirección, pero no alcanzo a ver, Mariana se levanta y desaparece entre la multitud, hacia donde la gente está mirando “¿A quién mirarán?” Después, de un rato, aparece muy emocionada con alguien. —Damián, hay alguien que quiero que conozcas— dijo Mariana, su voz llena de entusiasmo. Todos en la mesa nos pusimos de pie por cortesía, y fue entonces cuando la vi a ella, Bela, por primera vez Su presencia era imponente, y había algo en esos ojos color esmeralda que tenía una intensidad que si pudiera traspasar tu ser que hacía erizar la piel y no de buena manera, pero aun así algo me atraía a ella como un imán Desde la mesa, no podía dejar de observarla. Había algo en ella que me atraía irresistiblemente, como una sombra en la oscuridad. Se notaba lo fastidiada que estaba, y eso solo aumentaba mi curiosidad. Quería acercarme, pero algo me lo impedía. ¿Miedo? ¿Inseguridad? Mi propio ser estaba en conflicto. Cada vez que la miraba, sentía una mezcla de fascinación y temor. Había una oscuridad en sus ojos que me hacía sentir vulnerable. ¿Qué secretos ocultaba? Necesitaba saberlo, aunque temía lo que podría descubrir. Es loco decir esto de una persona que apenas me la han presentado. Hasta que la oportunidad, de hablar un poco más se me presentó, cuando hace un gesto de dolor y se levanta de la mesa. La observo ir hacia el baño. Me levanto de la mesa y voy en búsqueda de Bela. — Vengo ahora — dije, con una determinación que no podía ignorar La esperé en la entrada del baño, solo quería ayudarla, pero me rechazó. Cuando vi su gesto de dolor y supe que algo no estaba bien, como doctor, es mi deber ayudar, pero ella no me deja. ¿Por qué es tan distante? Sin importar el rechazo, la seguí hasta el jardín, esperando que el aire fresco la calmara. Al escuchar que quería fumar, le ofrecí un cigarrillo, solo quería que bajara la guardia. Lo toma a regañadientes, pero al menos no me rechazo de inmediato. Su frialdad me desconcierta. Cuando intenté ser cortes ofreciéndole mi saco, su rechazo fue como un golpe, pero lo que me pasmo. El cigarrillo estaba por terminarse, y ella se puso de pie para marcharse. Hice lo mismo, y en un acto de desdén, ella apagó lo que quedaba del cigarrillo en mi saco, me sentí una mezcla de sorpresa y frustración, ver su mirada llena de frialdad hizo que se me erizaran los bellos de la nunca, me dio a entender que no estaba tratando con cualquiera, pero aun así mi interés no se perdió. —Mierda— suspiró, sintiéndome frustrado. Me quedé en el asiento, sintiendo cómo la impotencia y el desaliento se apoderaban de mí, intensificándose con cada segundo que pasaba. — ¿Qué sucede? ¿Por qué suspiras de esa manera? —La voz de Kalet detrás de mí —¿Qué dices?—respondí, tratando de ocultar mi confusión intencional Kalet se sentó a mi lado, con una expresión de curiosidad en su rostro. — No creas que no te vi seguirla, ahora responde— me dijo, con una mirada inquisitiva. No sabía si contarle todo lo que había pasado —Ah, no me fue bien— admití, mirando el suelo— Intente ayudarla, pero ella me rechazó una y otra vez, es como si tuviera una barrera impenetrable a su alrededor — En verdad, si es raro, se nota la diferencia entre las dos. Ahora, dejando eso aparte, vamos a divertirnos. La noche aún es larga
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR