―¡Pobrecilla! ―Como verás, mi vida no ha sido lo que se podría decir ejemplar, pero fue gracias a aquel encuentro, que todo cambió. él hizo que yo fuera persona, que hasta entonces no lo era, por eso cuando le cogí el gustillo a los estudios seguí. Las monjitas cuidaban de mi niña, y ¿dónde iba a estar mejor?, ellas nos querían, como no te puedes imaginar, además yo fui la primera chica embarazada que cuidaron, pero también eso les hizo a ellas empezar a hacérselo a otras. Aquel caserón donde vivían era muy grande, y con algunos voluntarios que Don Jorge, les fue trayendo, arreglaron todo y se quedó, que no nos lo podíamos ni imaginar, que “con unos pocos remiendos”, como decía el cura y una mano de pintura, se quedara así. Hoy es un centro de acogida, y en él viven y se hacen mujeres úti

