―¡Cariño, que descanses!, no te molesto más, hasta dentro de un rato. Jenaro se durmió inmediatamente y yo seguí admirando aquella belleza, pero aun después de los años que han pasado desde aquello, sigo pensando que desde allí se está más cerca del cielo, porque aquí en Sevilla el cielo es precioso, sí, pero no se le ve tan cerquita. El brillo de aquellas estrellas que parece que te están llamando, ese no le he vuelto a contemplar, por más que desde mi terraza las mire. Hay que ver qué recuerdos se quedan registrados en la memoria, hablando con Ewa una noche que habíamos estado cenando con ella, a la hora de irnos cuando nos despedíamos, no sé por qué mirando al cielo ella dijo: ―¿Ha visto que bonitas tenemos las estrellas?, ¡seguro que en su tierra no brillan tanto! No la quise desde

