Capítulo VIII-3

1936 Palabras

―¡Sí, es precioso! ―contestó ella. ―Sí, con sus calles siempre llenas de gente ruidosa, tan diferente a estas, ¡como lo echo de menos!, pero la vida es la que manda, hay que comer todos los días, ¡qué se le va a hacer!, y ustedes, ¿de dónde son? ―nos estaba aquel hombre diciendo y se le notaba la nostalgia ―Él ―dijo Annalisa refiriéndose a Bruno que, aunque estaba sentado al lado del conductor iba muy callado―. Es de Roma y yo de Florence. ―En Roma tengo a uno de mis hermanos, también al volante ―dijo el hombre. ―¿También es taxista? ―le preguntó Annalisa ―No, él conduce algo más grande, un autobús urbano, y siempre me está diciendo que se va a venir a estas tierras conmigo porque allí el trafico esta imposible y no quiere acabar de un infarto. ―Sí, porque hay que ver qué paciencia t

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