―¡Sí, claro!, una persona completamente congelada, con ese frío, ¡anda, anda! y, además, ¿cómo te vas a secar luego, si no tienes toalla? ―me estaba diciendo y se había parado para sentarse en unos bancos que había allí, puestos sobre la arena, seguramente con la idea de que la gente se sentara para contemplar el agua. Eran muchos, puestos en fila frente al mar, hechos de troncos, posiblemente de esos árboles que había allí tan cerca. ―Mira, voy desde aquí descalza ―con un rápido movimiento, saqué los pies de los zapatos, los dejé allí, sobre la arena blanca de aquella playa, junto al banco donde ella se había sentado, y me fui corriendo hasta la orilla del mar. Estaba tan tranquilo que daba envidia no darse un bañito como lo estaban haciendo por allí algunos, pero cuando ya, tan cerqui

