―¡Mira! ―¿Qué? ―me preguntó sorprendido―. ¿Qué te pasa? ―Porque no entendía lo que yo le quería decir. ―¡Mira, ese es el que quiero! ―le dije soltándome de su brazo y andando deprisa hacia la tienda. ―¡Marta, Marta!, ¡espera! ―dijo Jenaro―. Pero ¿dónde vas? ―¡Ese vestido es lo que quiero! ―le volví a decir. ―Pero ¿qué dices?, ¿no me habías dicho que te ibas a comprar unos pantalones? ―Bueno, he cambiado de opinión, para una vez en la vida que tengo una oportunidad así no la voy a desaprovechar. El vestido efectivamente era para mí, entramos en aquella tienda y por señas por que aquella señora no hablaba ni entendía nada de inglés, pero cuando uno quiere una cosa, no hay barrera lingüística que se pueda interponer, me lo alcanzó, y comprobé que era de mi talla, y cuando me lo puse en

