Mientras avanzan los segundos, cada prenda de mi ropa va cayendo al suelo al igual que las de Samuel. El sonido de la lluvia cayendo a cántaros es lo único que se escucha en este momento, aparte de nuestros besos, nuestra respiración y los latidos de nuestro corazón. Me separo solo un poco, llevo mis manos a su rostro y nos vemos fijo, el gris de sus ojos se ve brillante y ese gesto de tranquilidad en Samuel, me transmite calma. Me acerco más a él y nuestros torsos desnudos se rozan y la calidez de su cuerpo con el mío, me hace suspirar. Uniendo mi frente a la de él, siento ese nudo en mi garganta y cuando lágrimas se agolpan a mis ojos, sollozo muy bajito y lo beso. Demostrando de esta manera que así como él me echó de menos, yo también lo hice. La profundidad de nuestro beso logra que

