Tengo más de una hora en el sofá de la sala, la tv encendida y ni siquiera tengo muchos ánimos de hacer algo de cenar. Después de tener mi consulta con la tía Rebe, me vine directo a casa y mi cabeza es un completo vaivén de pensamientos. Con la mirada fija en el techo, termino cerrando mis ojos y colocando mi antebrazo sobre mi frente, me quedo por un momento de este modo y buscando mantener mi mente en blanco. Siempre intento alejar esos recuerdos que me lastiman y así mantener calma en mis pensamientos. El repentino sonido de mi móvil me lleva a estirar mi brazo a un lado y lo tomo de la mesita céntrica, observo de quien se trata, es papá. –Sí, hola... –Hola mi cielito –suspiro. – ¿Te interrumpo? –niego y sin embargo no sé porque si no puede verme. –No papá, no me interrumpes, solo

