Ashton
Observo el talento en el campo y se me encoge el estómago. No hay forma de que pueda seguir siendo relevante en una liga que tiene este calibre de novatos en ascenso. Pero incluso con esa triste realidad, algo en este lugar, este estadio, me reconforta. Allí estaba yo, un héroe, una superestrella.
Érase una vez, vestí el uniforme rojo y n***o y tiré el pase ganador, traje a casa un campeonato.
El entrenador collins me hizo un gesto con la cabeza mientras observaba a sus jugadores terminar un partido de práctica. El reloj se detiene y suena la bocina antes de que se quite los auriculares y me extienda la mano. —Ashton Bailey—
Algunas cosas nunca cambian. Ni el apretón de manos áspero, no la vibrante voz retumbante, ni la orden al equipo de reunirse a conversar después de la práctica.
Después de que todos discutieron los problemas en los que necesitan trabajar, las fortalezas que tienen y los cambios que se realizan, Collins les hace un gesto a todos para que me miren.
—Todos ustedes conocen a Ashton Bailey. El mejor mariscal de campo que UI haya visto jamás— Su rotundo alago no incluye mis estadísticas profesionales, gracias a Dios. Mis días de gloria terminaron en el minuto que firme ese contrato, y realmente no necesito que me cuenten mi desempeño, que no es precisamente estelar.
Durante los siguientes minutos, me adoraron con alabanzas, palmadas en las manos, choques de manos y puños. —Se necesita un equipo—
Esperaba que el entrenador estuviera de acuerdo, pero miro a los muchachos. —un equipo con buen liderazgo e instintos. Ashton tiene eso, dentro y fuera del campo— En el campo, tal vez. Fuera del campo… no tanto. No siempre.
El entrenador envía al equipo a las duchas y luego me hace un gesto para que camine a su lado a su oficina. Cuando entramos, me entrega una cerveza y me siento frente a él. —¿Qué dice el medico? —
No se lo había dicho a nadie, ni siquiera a mi madre, pero quiero contárselo a Collins. Él lo entenderá . Aún así, decir esas palabras hace que me palpite la sien.
—Otra conmoción cerebral y podría acabar…— Niego con la cabeza. —En una silla de ruedas, postrado en cama, muerto—
—¿Quién más lo sabe? —
—Tu. Yo. Olga— Sonríe ante la mención de mi agente.
—Esa sí que es una mujer que sabe lo que hace— Asiento porque tiene razón y porque nadie discute con el entrenador Collins. Y yo no voy a ser el primero. —Ella puede hablar de futbol con cualquier hombre, en cualquier momento—
Asiento, ella también hace los mejores negocios y es la razón por la que aún no me han despedido del equipo. —Si. Le debo mucho—
Se quita de la cabeza todo lo que estaba pensando y cruza las manos sobre el escritorio.
—¿Obtuviste tu título? —
había firmado antes de terminar mi último año y había dejado asignaturas incompletas.
—No—
Se encoge de hombros y me mira fijamente.
—Mira, muchacho, necesito un buen entrenador de mariscal de campo. No se puede enseñar el instinto, pero se les puede mostrar cuando usarlo y como mirar hacia el campo. Como encontrar al receptor, cuando correr, cuando cubrirse. ¿Te interesa? — Cuando no respondo de inmediato, ladeo la cabeza.
—Es un recorte salarial, pero te permite seguir en el juego—
El futbol lo ha sido todo para mí desde que aprendí a lanzar la pelota. El juego me había acompañado durante una infancia que podría haberme destrozado, me ha dado disciplina y una vida que nunca habría podido lograr sin él y el dinero no es realmente un problema. Tengo mucho.
—Si—
Se ríe. —Siempre serás el chico de oro que lo logró. No es el Super Bowl, pero es algo, ¿no? — Me esta dando un hueso, por el que debería estar agradecido, pero en cambio, el peso del fracaso me aplasta. ¿pero qué otras opciones tengo?
—¿Probablemente me dejen ir esta semana, así que cuando quieres que empiece? — Y se me ocurre una idea: —¿Puedo elegir mi propio personal? —
Ha pasado un tiempo desde que había estado en un campo de juego. El golpe que recibí en el primer juego de este año me dejó fuera. El hecho de que él lo sepa tiene mucho más sentido cuando miro detrás de su escritorio y veo una foto de él y Olga en una playa con el sol brillando detrás de ellos y sus brazos envueltos uno alrededor del otro.
Todos tienen a alguien a quien amar, excepto yo. Tal vez quedarme aquí, en UI, donde Megan es una profesora respetada, podría cambiar eso para mí. Este siempre ha sido nuestro lugar.
Diez años atrás….
Habían pasado dos días desde el mensaje de texto en el que no podía dejar de pensar. Durante esos dos días más largos de mi vida, fui a clase, fui a practicar, pero no vi a Megan ni una vez. Ni siquiera me la encontré en la única clase que tenemos juntos, la misma que se saltó el lunes y luego otra vez hoy y no respondió a mis mensajes de texto. Con cualquier otra chica, me habría presentado en su casa con flores o un animal de peluche gigante pero esas cosas no funcionarían con Megan.
Necesito algo mejor, pero honestamente no tengo idea de cómo tratar con una mujer que no esta tan interesada en mi como yo en ella. nunca sucedía de esa manera y Megan es demasiado inteligente e inquebrantable para caer en travesuras y eso es prácticamente todo lo que tengo para trabajar.
No fue hasta que me puse el traje y me siento frente a su casa que reconsidero la sensatez de mi decisión. Me veo ridículo, pero antes de poder irme, ella abre la puerta de mi auto y se desliza dentro. Para su crédito, no se ríe de los pantalones de cuero y la chaqueta a juego, de mi cabello peinado hacia atrás o del sonido que hace el conjunto de cuero sobre cuero cuando me muevo. Pero más que eso, mientras ella observa mi atuendo, casi me caigo del auto cuando la miro. Al parecer ambos hemos decidido cambiar de vestuario. Vestirnos para impresionar y todo eso, porque ella ha abandonado el delineador grueso por un trazo más delgado, el lápiz labial n***o por un tono más cercano al rosa flamenco, la camiseta de su banda de rock favorita, , por un cárdigan rosa claro y una camisa abotonada. También reemplazó sus botas militares por un par de tacones bajos que combinan con el cárdigan y el lápiz labial.
Una risa brota de sus labios. —¿Nos miras? Somos la versión aterradora de Danny y Sandy de Grease—
Sonrió ante la referencia a la película. Al menos había elegido una en donde el chico se queda con la chica. Me da suficiente esperanza como para querer girarme hacia ella y besarla, pero esta es la chaqueta de Liam y, como él no es tan grande como yo en la parte superior, me queda ajustada para moverme mucho.
—Creo que nosotros, bueno principalmente tú, te ves increíble— Su piel se sonroja y ella mira hacia abajo.
—¿Quieres entrar? — por supuesto que quiero, pero no estoy tan seguro de querer salir de este auto. Ella se mira las manos cuando no le respondo. —Iba a ir a verte, pero no pude entender como andar en motocicleta con estos zapatos— se quita el zapato rosa y lo levanta con enojo.
Tengo muchas ganas de tocarla. Besarla. —Yo habría venido a ti— Su sonrisa es delicada, como si otra palabra pudiera romperla y ella se deshiciera.
—Este suéter pica mucho—
Asiento. —La chaqueta me queda demasiado apretada—
Ella me rodea la nuca con la mano y se inclina para que pueda sentir su aliento en mi boca.
—Puedo prestarte una camisa—
Levanto el brazo e ignoro el sonido del cuero crujiendo, no me importa, lo único que me importa es Mega, este momento y besarla antes de que cambie de opinión y me ignore por un par de días más. —Y podría ayudarte con tu sudor…—
Me besa, fuerte y necesitada, desesperada, y con una mano moviéndose entre mi asiento y la puerta para deslizarme hacia atrás. Y si antes pensaba si hay algo sobre el cielo o el placer, estaba equivocado. No se nada sobre esto hasta que ella se gira para deslizarse sobre la consola hacia mi regazo, entre mi pecho y el volante.
Como no quiero asustarla, no quiero que salga corriendo del coche con ideas equivocadas, o tal vez las correctas, dándole vueltas en la cabeza, no paso los dedos por kilómetros de pierna desnuda que yacen sobre la consola, ni por el hueco que había dejado desabotonado de su camisa. Pero necesito toda mi fuerza de voluntad para mantener la mano en el terreno PG-13.
Y lo habría hecho, pero ella se gira para abrirme la cremallera de la chaqueta, con la lengua todavía dando vueltas dentro de mi boca. Su mano roza mi piel y podría morir de puro placer, pero luego baja sus labios hasta mi garganta.
—Se supone que debes usar una camisa con esta chaqueta— cada palabra es interrumpida por un beso. Su boca se abre contra mi clavícula y mi pene se estremece. Nunca había deseado tanto a alguien.
—Me alegro de que no lo hicieras— Quiero tocarla, explorarla con mis manos y mi boca, saborear su deliciosa piel centímetro a centímetro, y justo cuando desabrochaba el segundo botón de su camisa, un fuerte golpe en la ventana la hace saltar y soltar un grito casi silencioso. Miro hacia arriba.
—Oh, mierda—
Ella se apresura a regresar a su lado del auto abrochándose los botones y jadeando, mientras yo bajo la ventanilla con el pecho todavía desnudo y la polla todavía erecta. Acabábamos de ser interrumpidos por el capellán de la escuela, el arrendador de Megan.