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1812 Palabras
Megan Elegí el lugar donde pronto partirá un carnaval ambulante. Este fue el último lugar en el que Alan y yo fuimos realmente mejores amigos antes de darnos a la edad adulta. Hace diez años habíamos ahogado mi vergüenza en algodón de azúcar, disipando mi humillación con pastel de embudo y disparando mi miseria con pequeñas balas dirigidas a palos de metal. El me dejó llorar hasta que mis ojos quedaron secos mientras me sostenía. —Hola— dice sonriendo y me abraza como si no nos hubiéramos visto hace dos días. —¿Estás bien? — No, no estoy bien. No quiero tener que decirle porque quiero ganar tiempo y tal vez incluso absorber la nostalgia. Paso mi brazo por el suyo. —Vamos a caminar— Él sonríe. —Se lo que estás haciendo, me estás llevando al algodón de azúcar— Deseo que el antojo de algodón de azúcar sea mi único minuto. Hace frío, el otoño ha comenzado y el lugar está casi abandonado. Pero el olor de la feria, la grasa en las atracciones chirriantes, la comida que solo se consigue en las ferias, la infancia que en un suspiro se la llevo el viento y me hace sonreír. —¿Qué tal la noria? — El me lanza una mirada de reojo. —Está bien— Pero mientras esperamos en la fila, nuestra dinámica cambia. Él no está esperando que le rompa el corazón. —Tengo que decirte algo, Megan— —Está bien— y lo dejo ir primero porque no quiero ser yo quien haga que el dolor aparezca en sus ojos. Se detuvo por un largo rato mientras esperamos que termine el viaje. —Te amo— Lo decíamos todo el tiempo antes de colgar el teléfono, pero curiosamente nunca lo hemos dicho en persona. Probablemente porque no pasamos tiempo juntos en persona. Pero luego lo miro. Él no me ama en la forma en que yo lo amo. Él es como corazones y flores, conocer a los padres y elegir un salón, el tipo de amor que me tiene. —¿Qué pasa con Amy? — Mi voz es un chillido, la mitad, no, un tercio de su tono habitual. —Ella solo es… una amiga de la que pensé que me estaba enamorando hasta que te vi— Suspiro. —Lo se. ¿De acuerdo? Lo sé. Tú y yo somos… somos nosotros— Niega con la cabeza. —Quiero decir, ¿Qué estoy haciendo? ¿Verdad? Te amo y me acuesto con ella— No respondo porque en realidad no sé qué responder. —Y ahora estas de nuevo con Ashton… ¿verdad? — Tampoco tengo una respuesta para eso. Si dormir juntos no significa que Alan esta con Amy, entonces ¿Cómo puede significar que yo estoy con Ashton? —Por supuesto que lo estás. Porque él es el— No pude formar nada coherente en mi mente para poder decirlo. —Alan. — Parecía que estaba muy interesado en Amy. —Le compraste un anillo— —No se lo di porque te vi y no pude. Ella no es la indicada. Eres tú— —¿Yo? — Pero no hemos hecho nada más que hablar por teléfono en una década. Aunque hablamos al menos una vez a la semana. Alan me ama. De alguna manera, no se supone que él me quiera. Y el merece más que una mentira. Se merece algo mejor que yo. Se merece a alguien que lo quiera, que quiera llevarlo a la cama todas las noches y despertarse con él todas las mañanas y yo no soy esa persona. No a él, pero admitir mis sentimientos hacia otra persona solo para demostrar mi punto me parece cruel, así que no lo hago. Pero no decir nada me parece peor. —Alan…— Probablemente debería haber tenido algo en mente antes de intentar hablar. Pero lo único que se es su nombre, pronunciado en una especie de gemido de impotencia. —Desde aquella noche en la que apareciste en mi casa y me pediste ayuda al besarme…Te amo Megan, siempre lo he hecho. Eres tú. Siempre tu— No hay espacio en mi cabeza, no hay lugar para que pueda procesar más información. —Tengo que irme, Alan— Me doy la vuelta para marcharme. —Por favor, Megan…— Pone su mano sobre mi hombro y se inclina y se acerca para besarme. Esperaba algo, cualquier cosa…un cosquilleo, una vibración, un temblor. Y quiero que haya algo porque es Alan, y una relación con el sería fácil y se basaría en algo más que atracción, pero no siento nada, ni una vacilación. Se aparta. —Tenemos sentido, Megan, juntos, tú y yo tenemos sentido. ¿Quién mejor para estar que con mi mejor amiga? Ya nos contamos todo. Está claro que no todo. — Si no lo trabajamos, lo perdemos todo— Toma mi rostro entre sus manos. —Pero si funcionamos, lo tenemos todo. Ya eres la persona con la que no puedo esperar a hablar. A la que le cuento todas mis estupideces y ni siquiera me importa cuando me dices que es una estupidez— Estoy paralizada, pero Alan continua. —He esperado todos estos años para que llegar el momento adecuado, para que estuviéramos en el mismo lugar al mismo tiempo. Esperé la perfección, pero al verte, eres la perfección y nada más importa— No se me ocurre nada que decir así que no lo intento, pero de repente que Amy se casara con Robin no me pareció gran cosa. —Se lo diré a Amy y tú puedes contárselo a Ashton y podemos empezar nuestra vida juntos. Tú y yo aquí, o en California. Ah, sí. Alan ahora vive al otro lado del país. Por eso, durante los últimos diez años, solo habíamos hablado por teléfono, y Dios, ojalá pudiéramos regresar a eso ahora mismo, para no ver sus ojos marrones de cachorro y ver la esperanza brillando allí, no tener que escuchar el suave jadeo cuando se de cuenta de que yo no siento lo mismo. O verlo darse la vuelta para irse. ¿Cómo no lo supe? Quizás si lo sabía. Quizás simplemente no quería admitirlo porque perder a mi mejor amigo sería culpa mía. Diez años después…. Alan me sigue por la tienda, con la cara tan roja que temo que explote mientras caminamos entre los estantes de lencería y los maniquíes a medio vestir. Nunca he comprado a precio completo, así que las etiquetas de los precios son todo un choque cultural para mí, pero Alan no comprará ni vestirá , por lo que su incomodidad con la cara roja no tiene mucho sentido para mí. siempre vamos de compras juntos. —¿Qué tal este? Sujeto el sujetador y la braguita para que me diga su sí o no. Hasta el momento, había recibido quince NO y no estoy más cerca de encontrar algo especial para ponerme para Ashton que de saber qué demonios le pasa a Alan. En momentos como este, casi me arrepiento de no tener amigas. Alan vuelve a gruñir que no y me quedo mirando su rostro sombrío. —Elige algo y úsalo, Megan. No le importara— Uh oh. Algo anda mal con Alan. En todo el tiempo que habíamos estado juntos el nuca se había enojado conmigo. —¿Estás bien? — Suspira. —No quiero pasar toda la tarde en una tienda de lencería contigo preparándote para tu gran noche con el chico futbol— baja lo voz. —Le importará una mierda lo que uses cuando solo va…— Niega con la cabeza y aparta la mirada de mí. Y tal vez tiene razón, pero quiero que esta noche sea perfecta. Quiero que nuestra primera vez, mi primera vez, sea increíble y maravillosa. Eso significa ropa interior que combine con mis ojos, que haga que mi piel parezca más profunda y oscura, o que acentué la curva de mi trasero y al mismo tiempo minimice los hoyuelos de la celulitis que no podre esconder mientras este casi desnuda y necesito hacerlo con un presupuesto limitado. Manoseo otro estante mientras Alan se apoya contra la pared, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. —¿Qué tiene ese tipo de especial? — —Es solo que…— ¿Cuál es la palabra? —Me gusta— —Eso no significa que tengas que follar con el— —¡Alan! — giro en circulo para asegurarme de que nadie haya oído su burda descripción de mis planes para la noche antes de mirarlo con enojo. —¿Qué demonios te pasa? — Suspira. —Simplemente no creo que deba presionarte para que te acuestes con él. Apenas lo conoces— ¿Presionarme? Todo lo contrario. Ya lleva tres noches durmiendo conmigo y no ha hecho más que abrazarme, aunque haya visto y “accidentalmente” sentido lo duro que estaba. Esta noche lo voy a sorprender con música suave y lencería. Si. Así será. Pero ahora mismo, tengo que averiguar qué le pasa a Alan y que hacer para solucionar lo que sea que este mal con él. Odio que este tan molesto. —Podríamos ver una película si quieres. Yo invito— Entre la escuela, Ashton y mi nuevo trabajo en el restaurante, no habíamos tenido tiempo para pasar juntos. Y solo ha pasado una semana, pero incluso con todo lo ocupados que estamos, parece un año. Me mira fijamente. —Tengo que irme— pero él no se mueve y yo no quiero que lo haga. —¿Alan? Sin decir una palabra más, se da la vuelta y sale de la tienda. En lugar de elegir algo especial, hice una selección al azar y la vendedora se ríe cuando dejo dos conjuntos de sujetador y braguita en el mostrador. —Oh, chica. Buena elección. Es bueno para una reconciliación— ¿reconciliación? No quise preguntar en voz alta, así que simplemente asiento. —Si— —Y no te preocupes, una vez que te vea con esto puesto, se olvidará de lo que lo hizo salir furioso de aquí— Se quedo con las perchas y metió mis compras en una bolsa con forro de piel y rayas de cebra. —Oh, él no es mi…Compré estos para otra persona— Pero eso no explica por qué le estoy contando mis asuntos a una completa extraña. Ella se ríe. —Bueno, ese pobre tipo está en apuros— Oh, ¿Qué sabe ella? Tomo mi bolso, lo meto en mi cartera y camino de regreso al puerto deportivo, ya que Alan era mi transporte y se había ido enojado. Pero está bien porque prácticamente floto en una nube pensando en Ashton y en que finalmente estaremos juntos esta noche.
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