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3431 Palabras
Ashton Algo no cuadra, algo se siente diferente. Normalmente no me importa que me mire, pero me ha estado observando durante más de una hora mientras finge comer la comida china con la que me estaba esperando cuando llegué. Acabo de meterme un dumpling en la boca cuando ella suspira. —No somos amigos— habla como si acabara de descubrir la electricidad, como si estuviera sorprendida por su declaración. —¿No lo somos? — Me gustaba pensar que sí. —Somos personas que nos conocemos y nos acostamos juntos— Sacude la cabeza y se reclina en su silla. —Pero no somos amigos. No te llamo cuando tengo un mal día— sonrió, pero tengo un mal presentimiento en el estómago, así que me siento y cruzo mis brazos. —Podrías hacerlo— Ver su nombre en la pantalla de mi teléfono me haría sentir intensamente feliz. —Ni siquiera sabes lo de Andy Brown— Se supone que debería estar siguiendo esta conversación, y creo que va a ser un poco decepcionante para ella. —¿Quién es Andy Brown— —No importa, no lo conoces— niega con la cabeza. —Quiero decir, podría decírtelo y tu serias, no sé, comprensivo o lo que sea, pero solo te lo diría porque no lo sabes, no porque me encontraste llorando después de que él se escapó y me dejo en los columpios y luego les dijo a todos que tenía mal aliento— Suspira como si acabara de resumir todo en esta explicación confusa. Y no tengo idea de que debo de responder a eso. Pero siento que ella se aleja de mí, señalando mis defectos y preparándose para usarlos en mi contra. —Megan, ¿Qué pasa? ¿Quién es Andy Brown y por qué es importante esta noche? — Ella se ríe. —El no importa. Es el primer chico que bese cuando tenía diez años y el problema no es Andy. Es que tú no sabes nada de él. No tenemos una buena base. Quiero decir, yo sé de ti porque me cuentas cosas, pero yo no te cuento cosas— Se pone de pie y toma mi plato a medio terminar para tíralo al triturador de basura del fregadero antes de darse la vuelta para mirarme de nuevo, esta vez apuntándome con un tenedor. —No te cuento cosas— —¿Por qué no? — Ella arroja el tenedor al fregadero y yo no puedo soportar no tocarla más porque si esta va a ser la última vez, voy a hacer que dure. Me pongo de pie, me muevo detrás de ella para rodear su cintura con mis brazos y atraerla hacia mi pecho. —Tal vez no confió en ti— habla suavemente, y las silabas tartamudean como si ni siquiera estuviera segura de querer pronunciarlas. Cuando uso mi barbilla para mover su cabello hacia atrás, ella inclina su cabeza para que pueda alcanzar el lugar debajo de su oreja que le gusta que le besen. —¿Por qué no confías en mí? — Seguí acariciando su cabello y trato de no moverme demasiado. Podría salir corriendo. Le toma un segundo extra responder, tal vez porque deslizo mi mano bajo el dobladillo de su camisa y froto mi pulgar en un pequeño circulo alrededor de su ombligo. —Historia, y porque no te conozco muy bien— Tomo su lóbulo de la oreja en mi boca y succiono tanto que le entrecorto la respiración. —Oh, tú me conoces— respondo. Probablemente no es eso de lo que está hablando, pero la giro para que me mire. —Sabes que me gusta estar contigo, tocarte, abrazarte y dormir contigo arropada a mi lado— Ella se aparta de mí. Lo suficiente para que no pueda usar mis labios, mi aliento, mis manos para distraerla. —Megan, me encanta hablar contigo, escucharte hablar de los libros que amas y de las películas que te hacen llorar o reír. Me encanta estar en la misma habitación que tu porque puedes sonreír, y a mí eso me hace sonreír. Puede que no sepa quién es Andy Brown, aunque puedo decir que suena como un idiota, pero no tenemos que saber todo el uno del otro de inmediato para saber cómo nos sentimos el uno por el otro— —No es de inmediato, nos conocemos desde hace años y se lo que he leído sobre ti en los periódicos a lo largo de los años y lo que me dijiste hace mucho tiempo. Pero eso es todo— Se aclara la garganta y saca dos cervezas del refrigerador. Cuando abre la mía, sonrió, aunque puedo sentir que se acerca el final. Me entrega mi cerveza, luego abre la suya y toma un trago largo. Un trago muy largo antes de pasarse la mano por la boca y exhalar por su nariz. —Alan esa enamorado de mi— Me siento. —Ahora se algo— ¿Alan? ¿El mismo tipo que se acuesta con la esposa de Robin? ¿El tipo que ha sido su amigo en la universidad? Se me hace un nudo en el estómago. ¿Cuándo se convirtió Alan Moore en el chico que todas las chicas quieren? —¿Lo amas? — —Debería. Se todo sobre el— Se sienta y cruza las manos sobre la mesa. —Es una buena persona, mi mejor amigo— —Pero ¿lo amas? — contengo la respiración mientras espero su respuesta. Y puede que duela. Ella niega con la cabeza. —No— cierra los ojos. —No como él quiere— Ahora me siento frente a ella porque cuando reciba la respuesta a mi siguiente pregunta, probablemente necesite estar sentado. —¿Necesitas tiempo para descubrir… lo que quieres? — Se demora un minuto más de lo que es bueno para mi ego, luego exhalo lentamente otra bocanada de aire y se levanta para ofrecerme su mano. —Creo que sí. Gracias— Mi corazón se para de golpe y respiro lentamente para aliviar el dolor en mi estómago. —Está bien. Voy a…eh…— Asiento con la cabeza hacia la puerta. —Y tú puedes…— Tengo la garganta hecha un nudo y no puedo terminar. En lugar de eso, agarro mi chaqueta y me dirijo hacia la puerta. Me deja ir a la puerta y abrirla, salir y llegar al porche y luego bajar los escalones para rodear el lado del conductor de mi auto cuando ella sale corriendo. —Ashton, espera. No te vayas. Debería querer a Alan y no lo hago. Tú y yo deberíamos odiarnos, pero no es así y tengo que pensar que todo eso significa algo— Con cada palabra que dice, se acerca más y ahora está parada al lado del pasajero de mi auto. Rodea el capo y apoya la frente contra mi pecho. —Nos quedan dos días para la fiesta de bienvenida antes de que te vayas de nuevo y quiero esos dos días— se aclara la garganta. —Contigo— Podría haberle contado sobre el trabajo y lo que quiero para nuestro futuro, pero ella aprieta los labios contra los míos y no importa nada más que tocarla y amarla. Algunas cosas nunca cambian. Diez años atrás…. Me duelen todos los músculos y huesos del cuerpo. La práctica me está matando y dormir o no dormir con Megan esta a punto de terminar el trabajo. Me acanta abrazarla, me encanta cuando se gira hacia mí y me abraza. Ella no tiene idea de lo que me está provocando el solo hecho de dormir a su lado. La deseo demasiado, pero tampoco quiero obligarla a hacer algo para lo que no está preparada. Pero, Dios mío, la deseo y eso me está matando. Pero tan pronto como subo al barco, todos mis dolores y molestias se calman. Y es gracias a los pétalos de rosa. Velas rojas que bordeaban el camino desde la cubierta hasta la cabina y lo sigo. Por qué no hay fuerza de la naturaleza ni de Dios lo suficientemente fuerte como para evitar que descubra lo que Megan ha planeado y, si es siquiera parecido a lo que espero, definitivamente quiero verlo con mis propios ojos. Cuando entro a la cabina, ella se da la vuelta y sonríe. Yo, en cambio, casi me trago la lengua. Entre el cuerpo, la lencería y la luz de las velas que difuminan las sombras de su piel, ya estoy duro y jadeante. Pero ella se ve tan hermosa, y yo había estado soñando con ella por más tiempo del que llevamos hablando. No puedo moverme. Quiero hacerlo, quiero cruzar la habitación, levantarla en mis brazos y llevarla a la cama. Pero no puedo. Toda comunicación entre el cerebro y mi cuerpo se han desconectado. La miro fijamente. Observo las medias negras y las ligas. Las bragas rojas. Y Dios mío, el sujetador de encaje rojo que se transluce. Se me escapa un gemido, porque no puedo contenerlo. Pero está bien porque quiero que sepa lo que me está provocando. Quiero que sepa lo mucho que la deseo, lo hermosa que se ve. No puedo formar una palabra para decírselo, pero puedo gemir, así que lo hago. —¿El gato te comió la lengua? — Tiene tanta confianza mientras camina hacia mí. —Una gatita traviesa. Pero haré que se trague sus palabras— Ella recorre con su uña la vena de mi garganta, arañando lo suficiente para hacerme temblar los parpados y entrecortar mi respiración. Si eso no es suficiente, me levanta la camiseta y me besa el pecho, prestando especial atención a cada uno de mis pezones y, como necesito agarrarme a algo, pongo una mano en cada una de sus caderas y las alineo con las mías, atrayéndola hacia mí, frotando mi cuerpo necesitado contra el suyo. Su jadeo y la tensión en su columna que la hace enderezarse me dicen tanto como cualquier cosa que ella pueda haber dicho. Necesita tener el control. Marcar el ritmo y aunque me mate, la dejare tenerlo, porque no quiero detenerme esta vez. No quiero pasar otra noche en la ducha fría después de quedarse dormida. Pasa las manos por mis brazos, luego los levanta y me quita la camisa. Esta mujer tiene movimientos. Ahora nuestros cuerpos están piel con piel, y gimo cuando se frota contra mí y engancha su pierna sobre mis caderas, pero hay demasiada Megan en la habitación para que no reaccione. La levanto con una mano en cada una de sus nalgas y su coño acuna mi polla, luego la llevo a la cama. Cuando la acuesto, mantiene sus tobillos cerrados a mi alrededor y cubro su cuerpo con el mío por un segundo, hasta que tengo que verla de nuevo, tengo que probar su piel. El sujetador no es más que dos triángulos de encaje y un par de tiras con un pequeño lazo de satén en la parte delantera. Y como estoy usando mis manos para sostenerme, bajo la cabeza para tomar la tira entre mis dientes. Necesito afeitarme y el vello de mi cara roza su piel mientras ella usa la fuerza de sus piernas para levantar sus caderas y frotarse contra mi polla. —Ashton…— Oh dios, nada en el mundo suena tan perfecto como la forma en que dice mi nombre. Nada se siente mejor que su cuerpo contra el mío. Nada sabe tan dulce como su pezón en mi boca. Hago girar mi lengua y ella se retuerce de nuevo. Cuando la muerdo suavemente, arquea la espalda y pasa su mano por mi cabello, sosteniendo mi cabeza contra su pecho. Mi corazón late como un gran bombo y mi pene se tensa contra mis pantalones, pero no puedo atreverme a liberarlo todavía. Quiero que esto sea bueno para ella, tan bueno que nunca quiera a nadie más, y ceder ante mi pene en este momento terminaría esto demasiado rápido. Me incorporo y ella gime hasta que desenredo sus piernas y las separo, luego beso todo su cuerpo hasta sus bragas, deliciosos retazos de seda y encaje, pero tienen que desaparecer. Cuando extiende la mano hacia mí, tomo sus manos y entrelazo nuestros dedos mientras continúo besando su vientre y cada muslo. Su jadeo se hace más intenso y suelto una mano para rozar su clítoris con el dorso de mi dedo. Ella arquea la espalda y aprieta la mano que todavía está enredada con la mía. —Ashton— susurra mi nombre otra vez y gime cuando paso la lengua por sus bragas. —Oh, Dios— Y luego… —Quítame las bragas. Lame mi coño— Me detengo. —Oh, si, Cariño— Definitivamente me detengo y ella se tensa de nuevo, luego se aparta. La alcanzo, pero ella se aparta. —Megan— —Eso estuvo mal, ¿no? Maldito video porno— sacude la cabeza, frunce el ceño, suspiro y se cubre la cara con la mano. Y justo cuando pienso que mi pene no podía ponerse más duro, ella saca la tarjeta del porno. —¿Viste porno? — Siento un hormigueo en la palma de la mano por sentir el peso de su pecho. Cierro los dedos formando un puño. Ella asiente. —Quería saber que esperar. Que decir. Quería saber que esperas— Oculta su rostro nuevamente, luego se da la vuelta para que pueda ver su trasero. No quiero asustarla con mi erección, que probablemente será un elemento permanente en mis pantalones hasta el día de mi muerte, pero me acerco para abrazarla y jadeo cuando rozo su trasero. —En los videos que vi, siempre decían “Oh, lámeme el coño” “Oh, si, baby” “Oh, mierda, si” “Oh, dios”. “Oh, Dios. Follame” Siempre— Escucharla decir eso hizo que quiera hacerlo con más ganas y por supuesto mi polla están tan dura que duele. —¿Es eso lo que quieres que haga? — La beso en el hombro y extiendo mi mano sobre su caja torácica de modo que mi pulgar roza la parte inferior de su pecho. —No lo sé, lo único que sé es que me da vergüenza— Su voz se vuelve más débil, perdió la ronquera de hace un momento. Entierra su cara en la almohada, pero mantiene su cuerpo alineado con el mío y dejo que mi mano se mueva un poco más arriba. Maldita sea. Tengo que guardar esto para los dos. —Te voy a tocar y si quieres que pare, solo tienes que decir basta. Sin preguntas, sin preocupaciones— Mierda, no quiero que me diga que pare, especialmente cuando me deja rodear su pezón con la almohadilla de mi pulgar. Inhala con un jadeo y exhala con un gemido. —¿Estás bien? — Ella asiente y le doy un beso en el hombro. —Bien— Dejo que mi mano se deslice por su vientre hasta la cinturilla de esas deliciosas bragas, luego sobre la tela que la cubre. No hay forma de que pueda tocarla sin correrme en mis malditos pantalones, así que muevo mi mano para amasar su muslo. Ella se retuerce, empujándome sobre mi espalda con su mitad sobre mí, una pierna sobre mi cadera, la otra como palanca contra la cama mientras froto su trasero contra mi polla y guió mi mano dentro de sus bragas. ¡Santa mierda! Esta húmeda y apretada, y la deseo tanto que no puedo pensar. Especialmente cuando se mueve para sentarse entre mis piernas y me jala hacia arriba, detrás de ella. Mierda. Ha movido el espejo al final de la cama y puedo vernos por encima de su hombro, mi mano en sus bragas, la suya pellizcando y retorciendo sus pezones. Mi pene palpita contra mi cremallera, pero quiero darle todo. Todas y cada una de las fantasías que he tenido. Y en este momento, por primera vez en mi vida, se me viene a la cabeza que ella ha visto pornografía y que tal vez no estoy a la altura de sus expectativas. No es suficiente para ablandar mi pene, pero mi cerebro deja de cooperar. Gracias a Dios, ella no tiene mucha experiencia para hacer una comparación. Me muevo detrás de ella y sonrió cuando ella gime y se acerca a mí. Camino alrededor del borde de la cama y me inclino sobre ella para besar su vientre y deslizar mis manos debajo de sus rodillas para tirarla hasta el final de la cama con sus piernas inferiores colgando. —Quítatelas— paso los nudillos por las bragas y ella gime y tira de los lazos laterales al mismo tiempo y yo tiro de la tela para sacarla de debajo de ella. Puedo ver la humedad, quiero saborearla, quiero que me mire. Separo bien sus piernas y beso el interior de cada muslo mientras paso un dedo desde su clítoris hasta su entrada y de regreso hacia arriba. Cuando no puedo soportarlo más, dejo que mi lengua siga el mismo camino mientras deslizo la punta de mi dedo dentro de ella. Esta tan apretada que casi me corro en este momento pensando en su coño. Apretando mi polla. Ella se recuesta y yo levanto la cabeza. —Mírame— Ella se apoya en un codo y pasa sus dedos por mi cabello mientras deslizo mi lengua dentro y fuera de ella para luego pasarla hacia arriba. —Ashton— Enrosca los dedos y tira de mi cabello —¿Debo correrme? ¿O debo esperar? — pregunta con la voz entrecortada. No habrá ninguna espera. Hay gemidos y gritos a la vez y me abraza mientras se retuerce y grita, mientras yo saboreo su dulzura y su sabor salado. —¡Oh, mierda! ¡Oh, mierda! ¡Oh, mierda! — Definitivamente grita, hace tanto calor que no puedo soportarlo más. Ella relaja sus músculos y me levanto, me quito los pantalones y me saco el condón de mi billetera. Tan pronto como me lo pongo, cubro su cuerpo con el mío. Desesperado. Tan necesitado. Tan listo para ella y ella tan lista para mí. O eso creo. Pero cierra los ojos y se muerde el labio. —¿Estás bien? — Rezo para que diga que sí. De ninguna manera quiero detenerme ahora. Ella asiente, con los ojos todavía cerrados y los puños apretados alrededor de la sábana. —Estoy nerviosa. Esto es… nuevo para mi— Ella había dicho que no tenía tanta experiencia. No que no tenía ninguna, pero eso explica por qué tuvo que recurrir a la pornografía para investigar. No había intentado descifrar que podría querer yo, si no que quiere cualquier hombre. —Nuevo, ¿como nuevo?, ¿con las etiquetas todavía puestas? ¿O como nuevo? Lo compré en una venta de garaje nuevo, nuevo para ti, pero no completamente nuevo— Mis metáforas no tienen ningún sentido, pero mi erección se está desinflando como un globo desatado. —Bueno— encoge un hombro desnudo. —He probado un poco— cierra los ojos. —Ya sabes, algo así como una carrera en solitario— Suspira y abre los ojos, mirando a todos lados menos a mí. —Esto es estúpido. Soy virgen. Quiero decir, he tenido orgasmos antes, no como este, pero ya sabes…los provocados manualmente…simplemente no he querido… o nadie me lo ha pedido…Um tener sexo con nadie— Su rostro se oscurece y me inclino para besarla porque si no la beso puedo morir. Pero cuando me acerco, ella se cubre la cara con las manos. Aparto una, luego la otra. La gama de emociones que me recorre es intensa, cruda. Quiero que sepa que no es como las otras chicas con las que he estado, que estar con ella significa algo para mí. —Megan, ¿harías el amor conmigo? — Estar con ella me hace sentir cobarde, pero no me importa, no por ella. Ella asiente y me atrae hacia ella para besarme, como ella me había negado. Y acabo de descubrir lo que es el cielo cuando me entierro en ella y ella se aferra a mi hasta que el dolor se calma y puede disfrutar de nuestro tiempo juntos. No fue la noche perfecta, pero es perfecta para nosotros. Y en esta noche, este es el momento en el que me doy cuenta de que amo a Megan Foster más que a nada en el mundo.
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