19.

1967 Palabras
Megan Nunca antes en mi vida me he sentido tan feliz. Tan amada, tan deliciosamente dolorida. Miro a Ashton, que me esta mirando. —¿Qué? — —Estaba pensando en que no quiero levantarme— Son apenas las cinco de la mañana. —Entonces no lo hagas— Paso mis nudillos por su estómago y el atrapa mi muñeca con su mano antes de que pueda acercarme de la zona de diversión. Lo levanta y besa cada una de las puntas de mis dedos, luego sonríe, pero esa sonrisa no llega a sus ojos. La pequeña cínica en mi comienza a maldecir: rompecorazones, idiota, mujeriego. Pero como estamos en el plan a corto plazo, faltan menos de dos días, rompecorazones no es realmente justo. Me aferro a idiota porque cualquier tipo que se va después de hacer lo que acabamos de hacer es definitivamente un idiota. —Está bien, si no vamos a tener sexo, ¿quieres desayunar? — —En realidad tengo algunas cosas que hacer esta mañana— hago pucheros, pero él no se mueve. —Y de todas formas nos hemos quedado sin condones— Sonrió porque sonreírle es una de las cosas más fáciles del mundo y porque si este es el peor de nuestros problemas, puedo encontrar una solución. —Hay más de una forma de despellejar un gato, ¿sabes? — Levanta su mano hacia la mía, deslizando la palma de un lado a otro y luego entrelaza nuestros dedos. —Nunca entendí realmente esa expresión. ¿Quién diablos querría despellejar un gato? — —Creo que no me has entendido— Me acerco más y pongo mi pierna sobre la suya. —Lo que quiero decir es que hay muchas cosas muy excitantes que podemos hacer que no requieran condones— Le doy un beso en el corazón y luego beso el pezón con toda la lengua. —No quiero desperdiciar el par de días que nos quedan— Se aclara la garganta y se sienta empujándome a un lado con suavidad, pero aun así alejándome de él. —En realidad, hay algo de lo que deberíamos hablar— Oh, no. No me gusta el tono de eso. Y mi cínica yo vuelve a sus insultos…idiota, comadreja, mierda por cerebro, aunque el último insulto puede servirnos a cualquiera de los dos. —¿Hablar de qué? — —Si— se frota las manos y las cruza sobre su regazo. —Puede ser una buena noticia. Como para nosotros. Como pareja. Creo— una burbuja de preocupación se cierra alrededor de mi corazón cuando frunce el ceño y mira a todos lados menos a mí. —Después de mi última conmoción cerebral, realmente pensé que mi carrera futbolística había terminado, ¿sabes? Entre las conmociones cerebrales y un casi negativo índice de pases bueno, las capturas… no hay muchas posibilidades de que vuelva a jugar un partido. Pero…— sacude la cabeza. —Ashton, ¿Qué estás diciendo? — Necesito que lo diga pronto porque tengo el estómago revuelto y mi cerebro ocupado imaginando razones por las que me está abandonando antes de tiempo. —Bueno Clancy, el entrenador de futbol de aquí me ofreció un trabajo como entrenador de Mariscal. ¿Eso significa…? —¿Te quedas? — El peso de mi corazón no se levanta, pero se aligera una fracción. La fracción más pequeña posible. Pero si él se queda, hay una posibilidad de que podamos ser… más. —Podría. Pero hoy me llamó mi agente y me han liberado de la lista— Sacude su cabeza y se encoge de hombros como si no le importara, pero su mirada parpadea y un destello de dolor pasa antes de que intenté sonreír y pongo una mano sobre su pecho, esperando poder aliviar el dolor desde afuera. Me toma un segundo descifrar todas sus palabras. No entendí su uso del. “Pero”. —Eso es genial. Entonces puedes aceptar el trabajo— Asiente. —Excepto que la cadena también me ofreció un trabajo en la cabina, como comentarista, como analista— sacude la cabeza. —Pagan mucho más, pero es en Los Ángeles— —Oh, son casi tres mil millas— Todos mis sueños de que estemos juntos se desvanecen y el suspira. Mi estómago se hunde hasta los dedos de los pies. —¿Y es el trabajo que quieres? — Él no me mira. —¿Quieres más que quedarte aquí? — No digo que me acompañe. Me hubiera costado mucho oír la respuesta si no sale como yo quiero. —No pasa nada. Es tu carrera, lo entiendo— Me incorporo y saco algunas pelusas imaginarias de la manta antes de volver a hablar. — Solo es en temporada de futbol, ¿no? — Así soy yo, encontrando el lado positivo. La señorita vaso medio lleno. —Es un poco más que eso, pero… —Suspira. —No quiero dejar un futuro contigo por un trabajo que no me importa. Pero no quiero quedarme si no hay futuro para nosotros… si estos dos últimos días son todo lo que quieres— Yo quiero más, quiero todo con él, y es ridículo teniendo en cuenta que nuestra historia de más de una década ha consistido principalmente en desconfianza y silencio. —No deberías basar tu decisión en mi— No puedo mirarlo ni siquiera cuando apoya la barbilla en mi hombro y me besa el costado del cuello. —No quiero que…— Curva su dedo bajo mi barbilla y me insta a mirarlo a la cara. —Megan, quiero que seas parte de esto, de mi vida, de mis decisiones, de mi futuro. No quiero perderte ahora. Ni por un trabajo ni por nada más— Su voz es baja y ronca, dulce y profunda. Y por un segundo, disfruto del resplandor de esa felicidad, de que él quiere que lo ayude a decidir qué hacer, pero luego la presión que ejerce sobre nuestra relación me aplasta. ¿Y si él se queda conmigo y no funciona? La química entre nosotros es buena, pero si se desvanece, no habrá otra base a la que recurrir. —Entonces, ¿Qué te parece si estuvieras eligiendo ahora mismo? — Con su dedo trazando un camino desde mi hombro hasta mi muñeca y sus labios presionando suaves y lentos besos en mi cuello y mandíbula, quiero que se quede, pero no puedo decirle eso. No es justo. Y cuando mi silencio se prolonga más de lo que aparentemente el aprecia, suelta una mueca de desagrado. —Está bien— dice, apartando la manta. —De verdad que tengo que irme, tengo que hablar con el entrenador y llamar a mi agente— Se sube los jeans de un tirón. —Luego tengo una cosa en la casa Alpha, así que voy a…— Se aclara la garganta. —Intentaré pasar más tarde, pero si no llego, te veré mañana— Agarra, pero no se pone la camisa ni los zapatos antes de salir corriendo por la puerta como si su trasero estuviera en llamas y hay un bebedero de agua en su asiento delantero. Dios míos. Realmente necesito trabajar en mi juego post-sexo porque esta no es la primera vez que el sale disparado por la puerta después. Diez años atrás… Mierda. Alguien debería haberme advertido sobre las consecuencias emocionales de tener sexo por primera vez. El dolor ha sido intenso durante un par de segundos, pero eso no es por lo que estoy llorando en su pecho mientras el pretende abrazarme. No puedo estar segura de dónde vienen las lágrimas, en realidad, solo sé que no puedo contenerlas. Y los ojos muy abiertos de Ashton y sus labios entreabiertos cada vez que lo miro me dicen que él tampoco sabe que hacer al respecto. —¿Estas bien? — me da una palmadita en el hombro y lloro más fuerte. Lo amo tanto que no quiero estar sin él nunca más. No. En cuanto tuve ese pensamiento, lo descarté. —No te amo— —Está bien— Asiente y mi corazón se rompe un poco más. ¿Bien? ¿Qué diablos significa bien? ¿En realidad está feliz de que no lo ame? ¿Qué demonios? No puedo quedarme aquí. —Tengo que irme— Me levanto, tomo la manta que me había envuelto y me dirijo hacia las escaleras. Ashton tira de la cola de la manta. —Vives aquí— Asiento. Si, lo hago. —Está bien, entonces deberías irte— Él se ríe. —Es el barco de mi papá— Y volvemos a que me voy. Tiro de la cola del edredón de su mano y cuando la parte superior se desliza dentro de un vestuario defectuoso al estilo Janet Jackson cuando alcanzo el picaporte, tiro del hacia arriba, lo que rompe todo el ritmo de mi dramática partida. Antes de poder deslizarme hacia la cubierta, Ashton pone una mano sobre mi hombro. —¿Qué está pasando? — No tengo idea, solo puedo pensar en una cosa para explicarlo. —Mentí. Te amo mucho— Me encojo de hombros. —Y dijiste “bien” cuando yo te dije que no, así que ahora tengo que irme— —Me amas. Uh…— Abre los ojos como platos y baja las manos, las cruza sobre su pecho y las vuelve a bajar. Después de mirarse los dedos durante un segundo, se da un puñetazo en la cadera y lo agita antes de señalarme. —Gracias— El asiente como un muñeco cabezón. —Lo aprecio, pero necesito irme. Futbol. Practicas. Porque soy el mariscal de campo. Futbol. Ellos…no pueden juagar sin mi… así que… me tengo que ir…a practicar… Futbol— Mete las piernas en los jeans y luego intenta con gran esfuerzo meter la cabeza por la manga de la camisa antes de darse por vencido y sacársela de un tirón. —Esto está mal. Me la llevare en la mano— Su reacción ante mi espontaneo arrebato de afecto me tranquiliza. Me hace preguntarme que demonios esta pensando y, más aún, porque el hecho de que dijera algo así lo haría actuar como si le estuviera apuntando con una pistola al pene. —¿Ashton? — El asiente y se aclara la garganta otra vez. —Te llamaré. Ya sabes. Hoy. Mas tarde— —Está bien— Antes de que pudiera pronunciar esa palabra, él ya había desaparecido por la puerta, con los zapatos en una mano y la camisa en otra. Mi corazón se rompió en mil pedazos. Nunca debí haberle dicho que lo amo. No lo amo, no puedo estar enamorada de él. Solo no conocemos de verdad desde hace un par de días. Y solo hemos dormido juntos una vez. Quiero decir, no soy una experta ni nada, pero estoy bastante segura de que los orgasmos múltiples todavía cuentan como dormir juntos una sola vez, siempre y cuando no salgamos de la casa entre los cambios del mundo. Pero ya sea, que me haya corrido una, dos o cuatro veces, muchas gracias, ciertamente tengo el suficiente sentido común para saber que el sexo no es igual al amor. Eso viene de otra parte y había usado la palabra prematuramente. Debí esperar un año o dos, al menos, y lo he asustado. Lo he hecho huir, literalmente. Nunca hubiera creído que me convertiría en una de esas chicas que abren su corazón a la par que abren las piernas para un chico. Pero Ashton no es un chico cualquiera y haber “abierto mi corazón” significa que realmente lo amo…pero eso tampoco puede ser posible ¿verdad? Me dejo caer hacia atrás en la cama y espero a que suene el teléfono.
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