Megan
Nunca había asistido a un partido de futbol americano. Ni cuando estaba en la universidad ni nunca, pero este es el festejo de bienvenida. El partido de vencer a “los zorros” que reunió a todos los exalumnos en una sección del estadio y en el que todo el lugar corea el himno del equipo.
El aire huele a palomitas de maíz frescas, perros calientes y aire frío. Las ovaciones comenzaron justo en el momento en que presentaron al equipo que había ganado el último campeonato en la universidad; el equipo de Ashton. Desde donde estoy sentada, lo suficientemente cerca de Dios como para escuchar las arpas de los ángeles celestiales, no puedo distinguir más que su figura, gracias a Dios, pero mi estómago todavía se aprieta cuando saluda a la multitud y la multitud esta esperanzada, tremendamente esperanzada si el nivel de ruido era una indicación, de que el equipo de este año traería a casa otra victoria…o trofeo…o banderín para colgar en la pared, lo que sea que ganen no me importa, nunca me ha importado. En este momento, necesito hablar con Alan, que todavía no ha llegado. Lleva media hora de retraso. Probablemente todavía no ha dejado de hacer cola para entrar al estadio. Y probablemente no lo hará pronto, tal vez lo haga hasta la mitad del partido.
Giro la cabeza de un lado a otro, comprobando los dos pasillos que conducen a nuestros asientos. No fue hasta que llega la banda de música para interpretar con entusiasmo la canción de lucha del equipo que lo veo tratando de abrirse paso entre la multitud hacia los asientos que le he comprado a él y a su “amigo”
Se inclina y me besa la mejilla; su aliento huele a cerveza.
—Hola, hermosa— Sonríe. Si puede seguir hablándome así durante un par de días, esta semana no me matará. Tengo esperanzas.
—Hola me alegro mucho de verte— Y lo digo enserio. Después de aquella noche en su bar cuando nos conocimos, se había convertido en un gran amigo. Mas que eso, se había convertido en alguien con quien podía contar, aunque apenas lográramos reunirnos. Aunque hablamos por lo menos una vez al mes, hace al menos un año que no nos veíamos. Extrañaba su sonrisa. Es blanca como la perla amplia. Genuina en formas en las que la gente ya no sonríe. Su sonrisa me hace sentir en casa. — Y… ¿Dónde está tu amigo? —
—Ella hizo una parada en el baño—
—¿Ella? — Oh, no. Mi plan acaba de dar un giro. Pasó de ser un plan brillante a ser un fracaso. La piel de Alan se torna del mismo tono rojo que su camisa. —Si. Te va a encantar. Es maestra, como tú. Es hermosa e inteligente. De hecho, puede que la conozcas, también estudio aquí— Mete la mano en su bolsillo y saca una caja de terciopelo n***o que puede contener la muerte de todas mis esperanzas que he mantenido durante el resto de la semana de bienvenida, pero me alegro por él. Me alegré aún más por ella cuando abre la caja y la luz del sol golpea un diamante de corte circular de al menos tres quilates.
—Wow, es precioso— me inclino para inspeccionar el anillo justo cuando él lo cierra y se aparta para guardarlo en su bolsillo.
—Sería una tonta si dijera que no—
—¿Tú crees? — Conozco a Alan desde hace años y nunca lo había visto nervioso. Jamás. Este tipo tiene una confianza a raudales, pero no del tipo arrogante que desanima a la gente. Tiene una confianza sexy hecha de humor, felicidad y optimismo. Por lo general, en aquel entonces, y probablemente ahora, si soy sincera, lo hubiera odiado por eso, pero nadie odia a Alan Moore. Nunca. Entonces la veo, la mujer de sus sueños, Amy Murphy.
Se acerca a él y sonrie mientras le hace un pequeño gesto con la mano y se dirige al asiento. Le da un beso que parece más propio que una escena de amor de película que de un partido de futbol. Luego me tiende la mano.
—¿Megan? —
—Hola Amy— ¿y por qué estamos fingiendo que apenas nos conocemos? Habíamos sido cercanas en el pasado unidas por nuestro dolor.
Entrecierra los ojos. —No puedo creer que seas tu—
Le da una palmada en el hombro a Alan y le hace una mueca. —No me dijiste que tu mejor amiga era Megan— Él la mira con los ojos muy abiertos y ella sonríe.
Si alguna vez dos personas en este mundo deberían estar juntas, eran ellos y yo quiero escuchar su historia, realmente quiero, pero la cabeza me da vueltas. No quiero ser la chica que se queda sin su falso novio durante la semana mientras Ashton, todavía el hombre grande del campus, le muestra su linda sonrisa a cada chica del campus que vea mientras yo tengo que mirar. La simulación es mejor que la soledad.
A mi alrededor, la multitud se pone de pie cuando nuestro receptor cruza la línea de gol y los brazos del árbitro se levantan. La canción de lucha suena a todo volumen desde la sección de la banda y el anillo de luces alrededor del estadio destella en rojo y blanco. Alan agarra a Amy por la cintura y la besa, otra vez como si estuvieran solos y no en una multitud de al menos cincuenta mil personas.
Pero cuando los miro, sin mirarlos fijamente, solo una mirada rápida, los ojos de Amy están abiertos y aburridos. Entonces me guiñe el ojo y se que no habrá ningún anuncio de compromiso feliz esta semana. En una multitud llena de gente que grita y vitorea, no puedo entender su juego, pero apuesto a que su antiguo rencor con la fraternidad Alpha le había dejado roto el corazón.
Diez años atrás…
Amy me arroja una lata de pintura en aerosol, ella tiene un color naranja neón y yo tengo un rosa flamenco, puedo sentir su enojo vibrando a nuestro alrededor tan fuerte como las pequeñas bolas de metal en nuestras latas de pintura. Por la mañana, siempre y cuando no terminemos en la cárcel, los Alpha sabrán exactamente lo que Amy piensa de ellos. Aunque no me hubiera importado saber por qué estoy arriesgando mi beca, dinero de fianza que no tengo, una cita que quiero desesperadamente conseguir y no conseguiré si me atrapan, sin mencionar una capa de reacción rosa brillante para un grupo de tipos a los que de todos modos no les importaría una mierda si pintamos la historia de todo el sórdido pasado de la fraternidad en su casa.
Amy se encorva detrás de los arbustos y se asoma como si hubiera tomado clases en la universidad 007 este semestre en lugar de Apreciación del Arte. Extiende el brazo para evitar que me mueva a su alrededor de donde nos puedan ver.
—Todavía hay una luz encendida—
Son casi las cuatro de la mañana y tengo una clase a las ocho. Me quito el pelo que ya no tengo y trato de estirar mis piernas acalambradas.
—¿Por qué estamos haciendo esto otra vez? — Amy me mira por encima del hombro y, aún en la oscuridad de la noche, puedo ver la furia en sus grandes ojos marrones. Su voz se endurece.
—Estos malditos Alpha van a pagar—
No es que no piense que son en su mayoría un grupo de imbéciles engreídos, pero una declaración nunca está de más.
—¿Qué paso? —
—Salí con… uno de ellos— Dice. Nombres, yo quiero nombres, más que nada por curiosidad. —Y el hijo de puta grabo todo el asunto. Cuando iba saliendo de la casa de Alpha, lo tenían puesto en los televisores de su casa y todos se reían como si yo fuera una especie de broma—
Quiero ser una buena amiga, comprensiva al menos, pero en mi mente no paraban de aparecer imágenes de Luka. ¿Y si es el? ¿O Ashton?
—¿Qué hiciste? — No es como si no pueda deducir los detalles, pero cualquier cosa que haga que una chica que alguna vez solo creyó en la paz y el amor se ponga a pintar grafitis llenos de odio tiene que se una buena historia.
—No pude hacer nada más que irme. Estaba…devastada. Quiero decir, tuvimos tres citas, en realidad no fueron citas, más bien encuentros—
Ella enfatiza la palabra como si fuera su propio idioma. —Pero eran elegantes, ¿sabes? No sentí que el solo estuviera tratando de meterse en mis pantalones. Siempre había cerveza importada y picnics gourmet, pero nunca en público, siempre en ese maldito barco. Entonces, la noche de la tercera cita, volvimos al barco, por su puesto, y es hermoso. Una lampara de araña de cristal, flores y champan frío. Nos besamos a la luz de la luna, hicimos el amor en la cubierta, luego me pidió que pasara la noche con él, que si podíamos volver a la casa de la fraternidad. Por su puesto, dije que si— Me mira con los ojos muy abiertos como si dijera “¿Puedes creer esto?” y, francamente, no se que pensar.
—Entonces me llevo a la fraternidad a través de esta entrada privada—
Hace una pausa y respira profundamente, de modo que sus fosas nasales se dilatan y su mandíbula se endurece. —Cuando terminó, se levantó y fue a buscar comida, otro de esos bastardos entró, me dijo que no me preocupara, que no servía de segunda. En cambio, abrió el cajón al lado de la cama, agarró un billete de veinte y me lo arrojó. Me dijo que era para pagar el taxi— Sacude su cabeza, su boca se tensa mientras me mira con enojo. —No pude salir por la puerta por la que entramos. Tuve que hacer el paseo de la vergüenza por la casa mientras todos sus amigos se reían. La peor parte, bueno, aparte de la forma en que me usó y me desechó en la noche, fue que todos mis gemidos estaban a todo volumen. Luego, durante una semana, tuve que ver los chupetones con los que me marcó—
Oh, Dios. Me duele el estómago por su dolor, por la vergüenza, por lo que le habían hecho pasar, no puedo ni imaginarlo. Pero Amy no había terminado con su historia.
—Cuando lo llamé más tarde, ni siquiera me respondió a mi llamada, si no que hizo que uno de los otros chicos me devolviera la llamada para lanzarme amenazas. Dijo que, si no me callaba y me iba, se aseguraría de que me volviera viral— Agita su lata de pintura y la bola de rodamiento golpea lo que había en el interior de la lata. —Les mostraré una escena a estos cabrones—
—Amy…tal vez deberíamos…— ¿Deberíamos qué? Sin el video, no podremos probar nada y no veo que nos dejen entrar para hacer nuestra propia búsqueda de la evidencia incriminatoria. Además, estos chicos prácticamente caminan sobre agua en esta universidad. Y yo no tengo un papá rico que pague mi educación para poder cambiar la escuela si me expulsan de esta por pintar grafitis en el frente de un edificio propiedad de la universidad. —Tal vez deberías llamar a alguien en lugar de pintar la casa— ¿un consejero vocacional? ¿El decano?
Ella lo toma como un temor por ella, no como mi deseo egoísta de permanecer en la escuela.
—No les tengo miedo— arquea una ceja y frunce los labios. —El hecho que tenga una polla grande no significa que sepa qué hacer con ella, ¿entiendes lo que quiero decir? — Ella se gira para observar la casa. y para que quede claro no, no sé a qué se refiere. No había dado más que un pequeño beso. Las chicas que se parecen a mí no tienen muchas citas que terminan en algo más que un saludo con la mano y una falsa promesa de llamar. Pero, con la ayuda de Ashton , todo eso cambiara y yo voy a terminar saliendo con Luka.