Por más que la oferta de Trev de un beso la había tentado, Charlotte necesitaba saber si la librería estaba en una pieza. Unos días atrás se había reunido con un banquero para comenzar el proceso para financiar la compra de la librería. Y aunque Rosie era quien había tenido la idea inicial, también era la que evitaba las recientes preguntas de Charlotte. No era una sorpresa. A Rosie le costaba adaptarse al cambio. Le había tomado años aceptar que podría tener una maravillosa segunda relación en su vida después de perder a su amado esposo hacía varios años. Charlotte no iba a presionar ni apurar a su amiga. La librería significaba mucho para ellas dos y bien fuera trabajando allí o como propietaria, siempre habría felicidad entre los estantes. Abrió la puerta de atrás y desactivó la

